Sentía un dolor
agudo en el pecho, como nunca antes lo había tenido. Palpitaciones incesantes y
una sensación de ahogo la hicieron levantarse de forma estrepitosa de la cama. “¿Qué
podría haber ocurrido?” rumiaba su cabeza mientras se tomaba un vaso de agua.
Veinte minutos
después, volvió a caer en un profundo sueño. Llevaba toda la semana sin pegar
ojo, sabía que algo malo estaba sucediendo, la conocía demasiado bien… Sin
embargo, esta vez todo parecía diferente.
A la mañana
siguiente se levantó todavía con molestias. Indira nunca había tenido problemas
de sueño, podía dormir doce horas del tirón y aún así seguir en la cama
calentita y arropada. Le encantaban los domingos, era el único día que dedicaba
sólo y exclusivamente para ella, dormir y no pensar en nada más.
“Cuando todo esto
termine, me voy de vacaciones a Riviera Maya, lo tengo decidido”, pensó
mientras conducía hacia el trabajo. Sus ojos azules estaban clavados en el
cristal mientras escuchaba los Artick
bajo una sonrisita de satisfacción.
Apesadumbrada llegó
y continuó con sus Informes.
-Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing,
riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing. (“Tengo que cambiar ese tono
YA” –pensó Indira)
-Buenos días, ¿hablo con Indira
Sáez?
-Sí soy yo, ¿quién es?
- Le llamo desde el Hospital Saint Martin's. Necesitamos que venga inmediatamente, se trata de Eileen. Usted era el
único contacto accesible que tenía en el móvil.
Miedo, rabia e
impotencia. Un cruce inmenso de emociones se cruzaban sin cesar por su cabeza.
No se lo podía creer. Le había advertido una y mil veces y sabía que algo así
podía ocurrir. ¿Qué habrían descubierto?
¿Hasta dónde habían averiguado? No… estoy demasiado lejos para que nos hayan
relacionado. Se repetía una y otra vez en su cabeza. Sabía que el cifrado
que tenían los documentos era demasiado seguro como para que los hubieran
visto, tantos años dedicados a la informática tenían que haberle servido de
algo. No entendía qué había podido fallar esta vez. Tampoco estaba segura de si
presentarse en el hospital, los nervios le estaban jugando una mala pasada, en
otro momento habría sabido calcular con total frialdad qué tenía que hacer.
Entró. Necesitaba
saber si estaba bien. Abrieron el armario y de repente todo se nubló. Diez
minutos después se despertó tumbada en la sala de urgencias. Las emociones le
estaban jugando una mala pasada, no podía dejarse llevar en un momento así, y
sin embargo no se sentía capaz de seguir adelante. No sin ella. Lloró como
nunca lo había hecho hasta el momento, lo necesitaba tanto…
No sabía qué hacer.
Sabía que si lo dejaba ahora, no habría servido de nada todo el camino
recorrido, pero un abismo aterrador se abría ante sus pies. Estaba sola.
Se levantó de la
camilla, no le gustaban los hospitales y no estaba dispuesta a pasar ni un
segundo más en aquel lugar espantoso lleno de apestosos olores.
Salió con decisión,
cuanto más tiempo pasara allí, más posibilidades tenía de no salir con vida.
Sabía que tenían que estar vigilando el lugar y no quería levantar sospechas.
Era de noche, pero había un hotel a dos manzanas que ya había visitado más de
una vez.
De repente, un
coche paró abruptamente. Algo iba mal, lo sabía. Oyó un ruido seco y todo se
borró.