Esquizofrenia
Siempre fue un chico muy tímido.
De hecho, cuando no estaba conmigo parecía estar en otro mundo.
Al principio pensaba que,
simplemente, tenía gran inventiva, pues solía contarme historias
inverosímiles y algo aterradoras aprovechando la hora punta en la que sol se
escapaba entre las montañas.
Con el tiempo me di cuenta de que
había algo más allá de que lo que yo consideraba simplemente imaginación. Con
frecuencia llegaba a casa empapado en sudor frío, murmurando que alguien le
llevaba persiguiendo durante todo el camino. Me asustaba bastante pensar que
alguien pudiera estar siguiéndole de verdad por algún motivo, hasta que me di
cuenta de que también le sucedía en casa, conmigo.
De pronto parecía atemorizado por
las persecuciones y, con la misma rapidez, cambiaba de tema para preguntarme
por cuestiones totalmente banales como: ¿qué
vamos a cenar?
Discutíamos la mitad del tiempo y
nos reconciliábamos la otra mitad. Era consciente de que para él saltar de
problema en problema era algo normal, pero a mí me frustraba no poder
solucionar uno antes de pasar al siguiente, o al que continuaba al segundo.
Cuando me veía enfadada se
producía una especie de círculo en el que mi enfado llevaba a la aparición de
su vena más hostil, lo que a mí menos me gustaba de su compañía. A veces tenía la sensación de que le daba lo mismo que estuviera allí o que me marchara. No obstante,
igual que parecía irritarse por algo, de súbito centraba su atención en cualquier
otro asunto que invadía por completo su cabeza. Y así volvía mi frustración y,
de alguna manera, mi alegría.
Decía que me veía caminar por la
casa de noche y que, en alguna ocasión, me tumbaba a su vera y le susurraba
cosas al oído. Nunca me preguntó; siempre fue una afirmación.
Jamás habíamos dormido juntos, ni
me acerqué a hablarle al oído. Sin embargo, él perjuraba que era yo. Que yo le
perseguía, que yo andaba descalza y que yo le hablaba mientras dormía.
Una vez me atreví a preguntarle
sobre lo que supuestamente le decía cada vez que le hablaba a su alma dormida.
No quiso decírmelo en un primer momento, y un rubor intenso cubrió rápidamente
sus mejillas. Tuve que insistir mucho, y cuando ya iba a desistir me miró fijamente y me
dijo: “Me quedo contigo”, eso es lo que
me repites siempre.
Aquella noche, por primera vez,
dormimos juntos.
The June.
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