No nos engañemos, las despedidas son tristes y dolorosas. Las
evitamos pensando que siempre habrá una próxima vez, y que nunca se trata de la
definitiva. No decimos lo que sentimos nunca a los demás, porque creemos que el
momento idóneo para expresarnos nunca llega. Intentamos postergar ese amargo
momento de tener que decir adiós eternamente, y sin embargo, cuando hemos
perdido a esos seres queridos nos torturamos constantemente por no haber sido
capaces de darle la despedida que se merecían, por no haber podido decirles
todo lo que los queríamos y todas las sonrisas que nos sacaban día tras día
estando a su lado.
Somos totalmente ambivalentes en muchos ámbitos de nuestra
vida, pero sobre todo nos encanta mortificarnos con los constantes “y si…” “tendría
que…”. Muchas veces no somos capaces de demostrar todo lo que significan para
nosotros los que nos rodean, pero ¿cuándo vamos a hacerlo si no es en la
convivencia diaria? Por eso, estoy harta del miedo a expresar libremente lo que
sentimos por los demás, estoy harta de no poder expresar todo el cariño que
siento hacia una persona de forma totalmente abierta. Vivan los abrazos, los
besos, las palabras de cariño a diario. Es cuando verdaderamente hay que expresárselo
a las personas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario