domingo, 17 de noviembre de 2013

Si lo sientes, dilo.

Te quiero

Yo soy fan de los “te quiero”. Es algo que no puedo remediar. Me encanta tanto escucharlo como decirlo. Creo que es una de las oraciones más poderosas que pueden salir de la boca de una persona y que pueden transmitir más en menos tiempo.

Yo soy fan de los “te quiero”. Pero no de esos “te quiero” vacíos que no transmiten nada. Esos, que se dicen por rutina, por desgaste. Esos que desvirtúan el contenido real de la frase y que la convierten en una mentira. Tampoco de esos “te quiero” que muestran dependencia de las partes. Esos “te quiero” que se dicen por miedo a la soledad, porque no hay mundo más allá de la otra persona. Esos que terminan por consumir la relación y hacerla desaparecer ahogada en la necesidad enfermiza de la otra persona. No, no me refiero a estos “te quiero”.

Yo soy fan de los “te quiero”. Reivindico que la gente diga “te quiero” cuando ame de verdad. Porque, al contrario de lo que se suele creer, decirlo no hace que se pierda la magia o que las palabras pierdan poder con el paso del tiempo. Un “te quiero” es una prueba de amor a viva voz. Esto es algo que deberíamos tener en cuenta para que jamás perdiera su importancia.

Yo soy fan de los “te quiero”. Y no es que no decirlo signifique que una persona no quiera a otra, pero a todos nos gusta (aunque sea muy de vez en cuando) oírlo. Que el amor se demuestra a diario con millones de gestos y que al final vale más un abrazo que mil palabras, pero decir “te quiero” no deja de ser otra forma de demostrar amor. Porque, cuando susurras un “te quiero”, el vínculo que te une a otra persona se hace visible durante unos segundos. Y sabes que está ahí, que esa unión no se va a romper, sin embargo en esos momentos puedes ver la cuerda que os mantiene unidos y a la que podrás aferrarte siempre para no caer. Simplemente épico. “Te quiero”.

Yo soy fan de los “te quiero”. Porque cuando estás pensando en esa persona, recordándola, abrazándola o besándola, la estás amando. Y si te das cuenta de cuánto la quieres cuando en el vacío de tu mente se convierte en la fuerza que lo llena, ya puedes imaginar la felicidad que pueden causar esas dos palabras juntas cuando las lea o las escuche: “te quiero”.

Si lo sientes, dilo. Porque lo que no dices se queda dentro y te acaba carcomiendo y formando úlceras en el alma. No pierdes nada y, por el contrario, ganas mucho. No hay mirada más extraordinaria y con más luz que la que está llena de amor. Por no hablar de lo que transmite una sonrisa romántica. Si lo sientes, dilo: “te quiero”. 

The June.

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