sábado, 9 de noviembre de 2013

Sobre la moda y otros caos mentales...

El thigh gap

Siempre queremos lo que no tenemos, y lo que tenemos no lo queremos. Es una paradoja de supervivencia que se manifiesta en nuestra cotidianidad más absoluta.

Cómo la moda ha evolucionado a lo largo de décadas y de centurias es algo que todos conocemos. En la Edad Media se buscaba la imagen de una mujer más bien entrada en carnes como reflejo de salud y fertilidad. Actualmente, la que se busca en una mujer refleja todo lo contrario.

Cuerpos pre-púberes. Ésa sería la mejor definición. Los jefazos de la moda no se dan cuenta de que el estereotipo de mujer que se requiere para la pasarela es un mensaje subliminal que se transmite al resto de la población. Si, de repente, todas las modelos gastan una talla por debajo de la 38, estar por encima termina traduciéndose con o sin ayuda de “google” en que “te sobran kilos”.

Y a partir de esas absurdeces vienen otras tantas como la que está arrasando actualmente en el mundo del glamour y también en la red: el thigh gap, lo que en España conocemos como el arco de las piernas.

Las que hemos nacido con el thigh gap no somos ni más altas, ni más guapas, ni más listas. Tenemos un arco en las piernas y punto. Hablamos con la misma fluidez que otras personas, estudiamos con la misma intensidad, odiamos los días de lluvia de la misma manera e incluso (por sorprendente que parezca) caminamos sin parecer hombres del oeste. La única diferencia entre personas como nosotras y personas que no tienen un arco en las piernas es que hay un abismo más claro entre el muslo izquierdo y el derecho. Fin.

Y, no obstante, hay mujeres que han pasado por cirugía o que han adelgazado hasta límites insospechados para alcanzar el ahora famosísimo arco de las piernas. Y yo me pregunto: ¿qué harán estas personas cuando pase la moda? ¿Habrá algún tipo de cirugía que invierta el arco o algo similar? 

Creo que nadie se me ha acercado en ningún lugar para decirme: “Oye, qué thigh gap más bonito tienes” o “me encanta tu estilo y tu thigh gap”. En serio, es ridículo. Es una parte más de un tipo de constitución física que puede o no estar presente en un cuerpo de mujer, pero no por ello es ni más ni menos atractiva que cualquier otra. 

Lo que quiero decir es que está claro que la mayoría de las veces (aunque no siempre), este tipo de reacciones y ataques contra el propio cuerpo son formas de luchar contra ansiedades, inseguridades y miedos que no sabemos cómo afrontar pero que nos persiguen y están firmemente asentados dentro de nosotros. Aunque os puedo asegurar que cortarse el pelo, llenarse de piercings, adelgazar por debajo de los límites saludables para cada talla o “fabricarse” un thigh gap, no solucionará vuestros problemas cuando estos tengan que ver con aspectos más profundos de vuestro propio ser.

Puede parecer banal y sin embargo, el bienestar y el amor propio son esenciales para que nos encontremos satisfechos con el resto de aspectos de nuestras vidas. Dicho de otra manera, querernos y valorarnos como somos nos hace ser mejores y crecer cada día. Pues, ¿de qué sirve pintar la fachada una o mil veces si los cimientos se van agrietando y no se hace nada para frenar la caída de la casa? Pensad que vosotros sois la casa y que no importa qué tormenta o huracán llegue para destruirla; siempre encontraréis (pese a que os cueste) la fuerza para soportar lo que venga y manteneos en pie. 

Muchas veces no somos conscientes y desearíamos tener los ojos de, la cara de, los labios de, las piernas de… ¿Alguna vez os habéis planteado que vuestro cuerpo es absoluta y totalmente único? Lo que tenemos no lo tiene nadie más y eso es lo que nos hace especiales. Y los que nos quieren (da igual en calidad de qué) ven en nosotros nuestra unicidad y nuestra belleza como no la ve nadie más. Además, tengo el convencimiento de que cada persona a la que te une en vínculo ha captado un detalle (o varios) de ti que han pasado por alto otras personas a las que te sientes unido/a. Y creo que ése es el pensamiento más maravilloso que os podría transmitir.


La vida pasará con decenas de otoños y de inviernos. Con primaveras, veranos, lluvias y días de sol. Con sonrisas, con lágrimas, con aventuras y con escapadas a lugares perdidos que la gente suele conocer por amor.  Y quedarán los recuerdos y las experiencias que hayas vivido cuando aún tenías fuerza para ver el amanecer tras una noche de bailes infinitos o para perder el aliento en un beso que siempre deseaste que fuera eterno. Lo cierto es que al final, cuando cierres los ojos y pienses en lo que viviste, en los miedos que te acecharon y en todos los que superaste, tener o no tener un arco en las piernas te importará realmente poco.


The June.

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