domingo, 10 de noviembre de 2013

De luces, cámaras y acciones confusas.



Empiezan los títulos de crédito, todavía no sé de qué va la película y en ese mismo instante ya estoy preparada para recibir un final apoteósico, conmovedor, incomparable y que cumpla la más alta de las expectativas. No sé si es que las pelis que estoy viendo últimamente son en sí flacuchas, bodrios o ñoñeces pero me cuesta la vida poder experimentar todo ese popurrí de sensaciones con un film. 
Siempre se nos insta a que tenemos que perseguir unos objetivos, los “to do list”..., persistentemente intentamos conseguir sueños que se nos plantean difíciles pero no por ello imposibles. Se dice que todo premio requiere su esfuerzo, que todo objetivo requiere luchar, pero, por el contrario, cuando llega el momento ansiado no parece satisfacer todos los esfuerzos empleados para conseguirlo.  Saborear el momento de gloria apenas dura unos segundos, pese a todos los sudores que puede habernos costado llegar hasta ese instante. Es por eso que cuando llega el final de la película espero que me sorprenda, y sin embargo, pese a que muchas veces el groso contenido de la película no es pésimo en sí, es inevitable ese sabor agridulce cuando el final no resulta impactante. 

The June

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