miércoles, 6 de noviembre de 2013

Psicología para todos.

Autismo y Asperger

Para que os hablen de ellos de forma científica o técnica encontraréis millares de libros y artículos. Nosotras hemos querido hacerlo de forma diferente. 

Recuerdo que una vez, hace ya bastante tiempo, me encontré con dos hermanos realmente especiales que la gente conocía por Autismo y Asperger. Apenas se llevaban un año, sin embargo eran tan parecidos como dos mañanas de junio y, al mismo tiempo, tan diferentes como el día y la noche.

Autismo era el mayor de los dos. No solía abrazarme ni tampoco me relataba anécdotas para comunicarse conmigo, pero los dos nos entendíamos cuando jugábamos con sus trenes. Tenía una habitación sólo para su colección de ferrocarriles (de los que conocía absolutamente todos los componentes y contaba todo detalle), en la que pasaba la mayor parte del tiempo. Cada vez que alguien le regalaba una locomotora nueva, se le iluminaban los ojos y la sonrisa, y entonces corría a buscarle un hueco que sería permanentemente suyo en su cuarto del motor.

Lo cierto es que Autismo hablaba muy poco y no parecía empezar nunca ninguna conversación. A veces simplemente repetía lo que yo decía o hablaba de sí mismo como si fuera una tercera persona. Yo nunca entendí muy bien por qué lo hacía, pero intentaba no reírme porque tenía la sensación de que él no comprendería cuál era el motivo de risa ni lo compartiría.

Tampoco disfrutaba demasiado de la compañía de otros niños, que solían cansarse enseguida de sus historias de trenes. Pasaba más tiempo con personas mayores, que o bien mostraban o fingían interés por las cosas que comentaba. En cualquier caso, con ellos podía hablar libremente de lo que más le agradaba y sentirse algo más cómodo que con personas de su edad.

Se levantaba todos los días a las tres de la mañana para cepillarse los dientes y el pelo. Nadie entendía muy bien por qué lo hacía, pero se ponía muy nervioso cuando se le preguntaba o se le intentaba disuadir de tal idea. A veces, sus gritos eran tan fuertes que despertaban hasta al gato, por lo que sus padres tomaron la decisión de simplemente dejarle hacer. También tenía que encontrar siempre las camisas en el mismo lado del armario, y ponerse cada día de la semana una de un color determinado.

No cabía duda de que Autismo era un niño especial. A veces, relacionarse con él no resultaba fácil, e incluso un poco frustrante. Nunca me preguntó si estaba enfadada o triste cuando lo estaba, porque creo que no era capaz de percibirlo. Simplemente me veía, pero no captaba las emociones que viajaban conmigo.

Los test de inteligencia afirmaban que Autismo estaba por debajo de la media en cuanto a nivel de inteligencia. No obstante, pocos sabían que Autismo tenía una habilidad innata para dibujar. No los dibujos sencillos que suelen hacer los niños, sino dibujos completísimos y al más milimétrico detalle sobre casas, personas, muebles…  Algunos de los cuales sólo había visto durante unos pocos segundos. Tardé algún tiempo en saber que aquello se conocía como savant abilities. Lo que sí sabía era que Autismo me había abierto la puerta a su mundo, a ver cómo él veía lo que después podía llegar a ver yo.

Asperger era un poco más pequeño, pero no menos curioso. Al contrario que su hermano, hablaba por los codos y mostraba curiosidad por todo lo que le rodeaba (sobre todo aspectos matemáticos, en los que destacaba sobremanera). Sin embargo, también caía fácilmente en la rutina de hablar sobre motores y partes de ferrocarriles, “obsesión” que compartía con su hermano mayor.

Al igual que Autismo, Asperger no parecía comprender mis emociones ni estados de ánimo. Tampoco cuando le gastaba alguna broma, si bien entendió pronto qué significaba el concepto “sarcasmo”.

Era como una especie de pequeño profesor, al que le encantaba hablar de lo que sabía y, de lo que sabía, lo conocía prácticamente todo. Su memoria no parecía tener límites y su nivel de inteligencia estaba muy por encima de la media de la población general.

Compartía algunos de los rituales que había establecido su hermano y también demostraba cierto nerviosismo cuando se presentaba en ellos alguna interrupción. Sin embargo, siempre que le preguntaba que por qué hacía cada cosa, encontraba alguna manera de sorprenderme con una respuesta ingeniosa que se me antojaba una razonable explicación formal.

Y así fue cómo les conocí… Y cómo conviví con ellos. Cómo me emocionaron pese a no saber que lo hacían. Cómo me enseñaron (sin saberlo) su forma de vivir.

Psicología para todos, 

The June.


Bibliografía

American Psychiatric Association (2000). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders(4th ed.), Washington, DC: American Psychiatric Association.

Le Couteur, A., Rutter,M., Lord,C., et al (1989). Autism Diagnostic Interview: A semi-structured interview for parents and caregivers of autistic persons. Journal of Autism and Developmental Disorders, 19, 363-387.

Wicks-Nelson, R., & Israel, A. C. (2012). Mood Disorders. In R. Wicks-Nelson, & A. C. Israel, Abnormal Child and Adolescent Psychology (pp. 156-177). London: Pearson Education.

Autismo: Un milagro de amor (Son-rise):
Asperger: The Big Bang theory:

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