lunes, 21 de julio de 2014

Habla la experiencia.

Demasiado

Demasiado frío, demasiado calor. Demasiado cerca, demasiado lejos. Demasiado tuyo, demasiado mío. Quizá, ¿quién sabe? Demasiado nuestro.

La palabra demasiado es otra de tantas que se ha vuelto fea por el uso, que no por su mera existencia. Es un concepto que indica cantidad, pero tanta que termina por resultar excesiva.

Si hace calor, no hay problema. Sin embargo, si hace demasiado calor la vida se vuelve insoportable. Si estás lejos, te echaré de menos. Aunque, si estás demasiado lejos probablemente olvidaré que alguna vez puede que estuvieras demasiado cerca.

No estamos preparados para un demasiado. Nos hemos acostumbrado a una sobrecarga de trabajo, de estrés… A un exceso de latidos por minuto, a respirar agitadamente y a vivir deprisa, muy deprisa. A veces, ¿por qué no? Demasiado deprisa.

Pero no nos gusta que nos lo recuerden. Sabemos que la palabra vive con nosotros, que forma parte de nuestra rutina, que es una pieza más de las que nos crea y nos destruye. Posiblemente, con demasiada fuerza. Con inmensa intensidad.

Aun así, es preciosa. Demasiado preciosa. No nos hemos dado cuenta, pero es hasta vital. Porque solemos decir: te quiero demasiado, como si fuera un delito. Como si fuera inequitativo, desigual, injusto, cruel.

Yo prefiero quererte así, demasiado. Prefiero latir el doble de veces por ti que no hacerlo ninguna, aunque te parezca que es mucho, exagerado. ¿Demasiado? Sin ti, todo el tiempo y el espacio, todos los silencios del mundo se vuelven demasiadosDemasiado largos se hacen los segundos que pasan sin verte. Y, sinceramente, espero que sigan siendo demasiados si ello se traduce en estar a tu lado para siempre.

The June.


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