jueves, 24 de julio de 2014

Historias de amor.

Inés

Nos movemos, viajamos, cambiamos. Y, generalmente, no nos damos cuenta de que nuestros movimientos pueden ser una caricia o un látigo invisible para otros. Que, en nuestros viajes, nos encontramos con nosotros mismos, con paisajes inolvidables y con personas increíbles, de ésas que ya nunca se van de nuestra memoria. Que cambiamos redirigiendo las rutas de nuestra vida, en función de una alegría en el norte o una pena en el sur de las ánimas perdidas.

En ese cambio, esa alteración de un estado hacia otro nuevo, tiene lugar una fase llena de dolor. Esa etapa en la que la piel escamada de nuestros errores empieza a caerse, pero aún permanece ligada a nosotros, a nuestra esencia… Y por eso duele al estirarla, porque no es tan sencillo desprenderse de ella. ¿Es sencillo desprenderse de lo que fuimos?

Somos cambio. Nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras decisiones… Todo cambia, todo se altera. Cada segundo de nuestra vida, nuestro cuerpo está cambiando, todo lo que sentimos se mueve en nosotros. Y, al tiempo que puede doler, nos hace estar vivos.

Un segundo. Sólo uno. Un segundo es el tiempo necesario para que algo cambie dentro de ti.

Quizá en el momento en que tu hilo mental se enreda en una parada de autobús. Quizá porque se sube un chico un tanto desaliñado de ojos verdes, con poco más que una mochila deshilachada sobre sus hombros. Quizá porque durante un segundo, uno sólo, tu mirada y la suya siguen el mismo camino.

Entonces, se sienta a tu lado. No hay más miradas, no hay palabras. Pero decide sacar un libro que lleva consigo y ponerse a leer, despacio. El libro queda totalmente abierto frente a ti y te permites echar una ojeada rápida, curiosa, ¿pícara?

Sólo un segundo hace falta para que una sonrisa se dibuje en un rostro.

Ahí estaba él, aquel perfecto desconocido, leyendo a Perls en el libro que más me había emocionado en cuatro años de carrera. Un libro que refleja las ideas de una corriente que nos ve como más emotivos, más humanos.

Al verlo, en sólo un segundo, me dio un vuelco el corazón. Ahora me pregunto si él lo escuchó conmigo.

The June.


No hay comentarios:

Publicar un comentario