miércoles, 30 de julio de 2014

Habla la experiencia.

Incondicionales

Verás, en sí no me resulta fácil definir lo que es y lo que deja de ser la amistad, fundamentalmente porque cada relación de este tipo que establecemos no tiene absolutamente nada que ver con cualquier otra. Podemos tener cinco, diez, ¿cien amigos? Y el vínculo que nos une a cada uno de ellos será único e inigualable.

Sin embargo, cuando hablamos de incondicionales, parece que subimos un peldaño. Es una cuestión de grado, intensidad, de doble nudo – por llamarlo de alguna manera –.

No me detendré a hablar de la amistad a secas, y no porque no tenga importancia o no suponga un beneficio diario en nuestras vidas, sino porque esta entrada quiero dedicarla muy especialmente a la matrícula de honor.

Incondicionales son esos amigos que te ven, y parece que haya pasado un siglo desde la última vez que os encontrasteis. La cuestión es que, probablemente, ese tiempo no haya sido más de una semana. Pero, mira, os echáis de menos.

¿Por qué? Porque tenéis ese vínculo especial que hace que os riáis de las mismas cosas, algunas de las cuales muchos de tus amigos no entenderían. Al mismo tiempo, tenéis esa confianza que convierte la relación en invulnerable.

Porque cuando las cosas van mal, no hace falta siquiera decirlo. El incondicional te mira y lo sabe, por mucho que quieras esconderlo. Y además, te dice: ¿en serio me quieres engañar? ¿A mí?

En un nivel que roza lo paranormal, bajo la luz de ciertas lunas y el ocaso de otros tantos soles, vuestro pensamiento coincide y soltáis una idea así, a la vez, a lo loco. Y aunque os haya sucedido treinta mil veces, os sigue dando un poco de miedo.

¿Discutir? Lo breve y bueno, dos veces bueno. Se discute poco, pero bien. De hecho, sois tan compatibles en carácter que, si se da la ocasión para que choquéis, comienza la hecatombe.

Pero, pero, ¡pero! No puede durar. Porque cada ataque que os hacéis, sabiendo que os podéis estar haciendo daño, os rebota luego y se os clava en el pecho como un enorme cuchillo de culpabilidad.

Porque os conocéis, claro que sí. Sabéis perfectamente lo que os hace pequeños y lo que os hace grandes, vuestros miedos, vuestras debilidades y vuestros dones especiales.

El incondicional es ese amigo que se queda contigo hasta las tantas cuando tienes que estudiar – aunque él o ella no tenga ninguna obligación -; es el que le da vueltas y vueltas a ese asuntillo que tienes en mente desde hace ya tiempo hasta que, entre los dos, veis la luz. Es ese amigo que te abraza sin ninguna razón, sólo porque le encanta demostrarte que te quiere. O te lo dice, en el fondo da lo mismo.

Con el amigo incondicional tomas té con leche a las cuatro y media todos los lunes. Porque es el té de las cuatro y media de los lunes y da igual que hayáis estado juntos el domingo hasta las ocho; cuando os veáis vais a necesitar dos horas de cháchara, como poco.

Con los amigos incondicionales el paso del tiempo da lo mismo. Si se establece un día de quedada, es sagrado. Es un ritual que sabéis que existe, precisamente, porque sois incondicionales.

El incondicional es ese amigo con el que vivirías, aun sabiendo que a veces os sacudiríais a escobazos. A pesar de eso, cada comida, cada mantita y peli, cada conversación hasta la madrugada, cada carcajada que siguiera un mismo compás sería suficiente para confirmar ese vínculo infinito. Habla la experiencia.

The June.


No hay comentarios:

Publicar un comentario