lunes, 28 de julio de 2014

Psicología para todos.

Trastorno límite de la personalidad

Con el tiempo me di cuenta de que soy como el mar; siempre subiendo y bajando, sin parar de moverme, sin parar de arrastrar agua y vida. ¿Inestable? Inestable… Ése acababa por ser el rótulo que definía mi estado de constante cambio emocional. Así terminábamos por discutir cada vez que, donde él veía una gama de colores, yo apreciaba sólo el blanco y el negro. Quizá, como mucho, también el gris.

De repente, le necesitaba tanto y de tal manera que nada de lo que él hacía parecía satisfacerme lo suficiente. De repente, le quería lejos, muy lejos. Si pudiera, en esa fase habría invocado todas las malas artes del mundo para hacerle desaparecer.

No veía cuánto me quería, porque vivía permanentemente subida a la montaña rusa que conformaban las mil emociones que se combinaban en mi mente de forma caótica en tan sólo un minuto. Y tampoco veía que esas emociones, ese huracán que me arrasaba por dentro, se llevaba consigo mi vida y la suya… Y la de todos los que me rodeaban, sin piedad.

De repente, el más mínimo detalle podía hacer mi día maravilloso. O podía ser que la tontería más grande, un comentario absurdo, una mirada cansada… Si me pillaba en la caída de la montaña el día no se torcía, se doblaba por completo.

No, no estaba bien. Eso me repetía yo, eso me susurraba él. Entre abrazos y caricias que a veces anhelaba para respirar y de las que otras tantas, huía.

Pero yo le quería, tanto como quería al mar que me llevaba arriba y abajo. Y le quería tanto conmigo como fuera de mí. Le quería, le amaba, le odiaba. Era mi vida y mi peor pesadilla.

Una noche de las de calma, me dijo que lo que yo necesitaba era una tregua en mi propia guerra. Necesitaba que mi tregua fuera la suya, necesitaba dejar de preguntarse cómo sería un nuevo día junto a mí. Necesitaba no necesitarme tanto y sentir que le echaba de mi mundo cada vez que ni siquiera yo quería estar en él.

No sé cómo lo hizo para conseguir detener una marea que podía habernos ahogado a ambos en un instante. No sé cómo paró el torbellino de emociones que viajaban inevitablemente conmigo. No sé cómo me abrazó aquella vez haciéndome sentir que era tan mío como el aire, como el mar.

Era tan mío como yo era suya. No sé cómo lo hizo para hacerme ver que mi alma necesitaba encontrar la paz. Con él. Y entonces vi el arco iris.



El trastorno límite de la personalidad es un trastorno de personalidad que se caracteriza por una gran inestabilidad emocional, un pensamiento muy polarizado y dicotómico y por establecer relaciones interpersonales caóticas. Todo esto suele influir en su estado de ánimo, en su autoimagen y repercute seriamente en su conducta. 



The June. 

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