ESTRÉS
Probablemente
será del parecer de muchos de vosotros que es de un humor un tanto sádico tocar
este tema justo en el periodo en el que estamos entrando. Tranquilos, nada
más lejos de la realidad. El objetivo de este texto no es otro que, justamente,
no estresar.
Todos hemos
vivido momentos de estrés en algún instante de nuestras vidas. De hecho, en
periodo de exámenes el estrés se convierte en una especie de mascota, por
aquello de que no se separa de nosotros.
Como es
lógico, somos perfectamente conscientes sobre lo que sentimos cuando nos
estresamos: irritabilidad, tensión, alteración, nerviosismo, agitación… Y sí,
viendo que atáis cabos de maravilla, estos síntomas pueden recordar
perfectamente a otros muchos que vimos cuando hablamos de nuestra amiga la ansiedad.
Me
preguntaréis, ¿es lo mismo? Y os respondo: no, aunque no se puede negar que están muy relacionados
entre sí. No obstante, para que se pueda apreciar la diferencia propondremos el
siguiente ejemplo: Ante un examen muy difícil o para el que no hemos estudiado
lo suficiente, la ansiedad se encarga del componente cognitivo de anticipación
– me voy a quedar en blanco, no voy a saber hacer nada, voy a suspender -,
mientras que el estrés lleva la batuta en la balanza entre lo que se requiere para el
examen – demanda – y lo que yo he estudiado para hacerle frente – recursos -.
Cuando esa balanza está desequilibrada en favor de las demandas, nos estresamos.
Ejemplo típico de persona muy estresada
¿Sabemos lo
que es el estrés? Estrés en sí mismo es, según la OMS, un
conjunto de reacciones fisiológicas que preparan al organismo para la acción.
Según Hans Selye, el estrés no es otra cosa que una respuesta inespecífica del
organismo ante cualquier exigencia del medio.
Por tanto,
el estrés en realidad es nuestra manera de prepararnos para la supervivencia, mediante una serie de
acciones y mecanismos fisiológicos con los que cuenta nuestro organismo. Esto
se conoce como eustrés o estrés
positivo. Sin embargo, cuando estos mecanismos se mantienen en el tiempo porque
no encontramos la forma de enfrentarnos a las demandas que nos rodean,
empezamos a hablar de distrés o
estrés negativo.
Ahora bien, desmontemos mitos: se ha
demostrado que niveles moderados de estrés mejoran el rendimiento. Es, amigos,
lo que se conoce como la famosa curva de Yerkes:
Como se
puede observar en la imagen, llegar a un examen un poco nerviosos nos permitirá estar lo suficientemente activados como
para rendir de forma adecuada. Será el excesivo nerviosismo el que
se convierta en nuestro peor enemigo, llevándonos a bloqueos mentales o al
clásico quedarse en blanco.
Llegados a
este punto, la pregunta idónea es: ¿qué podemos hacer para no estresarnos?
La
Psicología lleva años trabajando en la balanza vista anteriormente para tratar
de proporcionar recursos que permitan a la persona hacer frente a sus demandas.
Aun así, vivimos en una sociedad de masas, en la que la competencia y la
competitividad se encuentran a la orden del día. Por ello, debemos ser
conscientes de que las demandas del ambiente difícilmente decaerán, sino que
irán en aumento. Está en nuestra mano dotarnos de los recursos necesarios, no
sólo para desempeñar las tareas que nos correspondan, sino para crecer con
ellas.
Consejos de The
June:
1º: La vida
es un reto o un desafío, no una amenaza. Plantéate estos exámenes
como un objetivo de aprendizaje, no como un ataque a tu expediente. Piensa que te estás nutriendo con cada palabra que lees, y puedes aprovechar cada una
de ellas no sólo para ser un mejor profesional, sino una mejor persona.
2º: Tómate
tu tiempo.
El tiempo es un recurso limitado, y nadie hay mejor que uno mismo para saber
cuánto necesitas para cada cosa.
No es buena
idea darse un atracón de última hora, principalmente porque la carga será muy
superior a nuestros recursos naturales de atención, memoria y aprendizaje. Es
muy posible que tratar de recordarlo todo el último día no te haya servido para
nada al cabo de una semana. Y resulta un poco triste estudiar sólo para
aprobar.
El tiempo –
o, mejor dicho, la falta del mismo – es uno de los estresores más comunes,
cuando no tendría por qué serlo. Intenta, en la medida de tus posibilidades,
diseñar un horario con relativa antelación que te permita estar de sobra
preparado cuando llegue la fecha marcada.
3º: Prioriza.
No todo lo que tienes que estudiar va a requerir la misma cantidad de tiempo.
Establece un orden que te permita dedicarte en mayor profundidad a aquellas
asignaturas que son más largas o más costosas.
4º: No dudes
en pedir ayuda. Si la necesitas, no eres más estúpido que el resto por
acudir a otras personas. Todos tenemos dudas, y es la cooperación la que
favorece el crecimiento del grupo.
5º: Descansa
y tómate cierto tiempo libre. Sabemos que es una etapa dura, pero es importante
dormir bien y también desconectar de vez en cuando. Sal a pasear o insiste a
algún amigo para que se tome algo contigo. Seguro que no sólo tú lo agradecerás.
No olvidemos
que no somos máquinas, aunque funcionamos de forma excelente. Es normal que, en
más de una ocasión, lo que nos piden sobrepase la capacidad que en ese momento
tenemos para poder solventar la situación, pero nosotros tenemos el poder de
crecer en nuestra mano. No importa cuánto tardemos en averiguar cómo, la
cuestión es que conocer nuestras debilidades nos conducirá al camino para
construir nuestras fortalezas.
The June.


No hay comentarios:
Publicar un comentario