Agnosia
Decían que yo veía el mundo de una forma distinta. Al principio creía
que eso nos pasaba a todos.
Todo empezó
una noche, cuando nos sentamos a cenar en aquel restaurante italiano. No nos
habíamos visto nunca, aunque me había dicho que tenía los ojos verdes.
Eso fue todo
lo que vi, dos almendrados ojos verdes y un cabello oscuro alborotado. También
tenía una sonrisa de labios finos y una nariz perfecta, casi como esculpida. Supongo
que, en conjunto, todo ello hacía de él una cara
bonita. Sólo lo supongo.
Cuando me
habló su voz sonó dulce, como una mañana de abril entre montañas de sábanas. Me
dio la sensación de que le había conocido mucho antes, aunque dudaba
sinceramente que aquello fuera posible.
Me preguntó:
¿deberíamos sentarnos? Yo respondí: ¡Claro! Pero… ¿dónde? Él río y desplazó lo
que yo vi como cuatro varas de madera que parecían tener encima algo semejante
a un cojín. Viendo que no me movía, insistió un tanto preocupado: ¿preferirías
otro lugar para sentarnos?
Me había
vuelto a suceder. De hecho, me sucedía constantemente. Veréis, es difícil
explicar lo que los médicos llaman agnosia
a personas que no tienen este… ¿Cómo llamarlo? ¿Trastorno? Yo prefiero llamarlo
alteración. Así es como me hace
vivir, al menos: siempre alterada. Aunque debo admitir que con el paso del
tiempo he llegado a encontrarlo incluso divertido.
No percibo
las cosas como el resto del mundo, ésa es la cuestión. Yo no veía el asiento
que aquel chico encantador me estaba ofreciendo. Yo veía sus partes por
separado. Igual que veía las partes de su rostro como fracciones. Y así con el resto del mobiliario de aquel restaurante, con las casas, con la ciudad. Con el mundo entero. Y también con
las personas.
Es
complicado, sobre todo al principio. Tengo agnosia por una lesión en el cerebro
que me dejó en coma varios días y convirtió mi despertar en el fantástico mundo de Oz. De
repente, nada tenía sentido. Lo que veía, no lo había visto nunca. Ni siquiera
sabía lo que era la agnosia. Como comprenderéis, lo primero que pensé fue que
me había vuelto loca.
Se suele
decir que somos ciegos
perceptualmente hablando, y no es del todo incierto. Vemos, claro que sí… Pero
en nuestro cerebro la visión se pierde y se distorsiona. Afortunadamente, sí
soy capaz de reconocer las cosas cuando las toco. Parece que, en mi cabeza, esa
asociación sigue intacta.
Ahora mis
manos guían a mis ojos. Aunque veo, sé que veo porque palpo, y siento que
entiendo qué es lo que tengo delante y para qué sirve, qué es para mí. Es el
tacto lo que me hace sentir segura, adonde quiera que voy.
Y eso fue lo
que le dije, mientras le acariciaba la cara, intentando almacenar cada
centímetro de su piel en mi memoria. Mi alteración se perdió con el beso que
guiaba su sonrisa.
The June.
La agnosia
es un trastorno caracterizado por la dificultad para reconocer
estímulos en alguna de las modalidades sensoriales. Este impedimento no se debe
a defectos sensoriales, sino a una incorrecta interpretación de los estímulos
que se perciben.
Existen
diversos tipos de agnosia, como la espacial,
la auditiva, la táctil, la gustativa o la
olfativa – anosmia –, siendo la agnosia
visual la más conocida y estudiada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario