lunes, 27 de octubre de 2014

The June... Un año después

A todos nuestros seguidores

Ha pasado un año desde que empezamos un proyecto que nos llevaba directamente a la aventura. Hoy, 27 de octubre, celebramos que os hemos contado, con ésta, 100 historias a lo largo de 365 días que hemos compartido gustosamente con todos vosotros y vosotras.

Hoy celebramos que cada entrada de las que hemos publicado ha recibido una crítica, positiva o negativa, pero siempre constructiva. Que The June siga hoy en pie es fundamentalmente gracias a todo vuestro apoyo.

Celebramos también la participación más que activa de algunos de nuestros lectores y lectoras, que nos proponen temas nuevos y nos ofrecen con el mayor de los entusiasmos sus experiencias para que redactemos algunas de nuestras historias de (des)amor.

Así que, ¿qué podemos decir? Un año después, esencialmente queremos daros las gracias a todos y a todas. Este recorrido no habría sido el mismo sin vosotros y sin vosotras y hacéis que seguir escribiendo y creando merezca verdaderamente la pena. 

También nos gustaría agradecer a las personas que nos leen desde otros países, especialmente desde Estados Unidos, pero también tenemos constancia de que nos leen en Ucrania, Rusia, Turquía, Alemania, Francia, Holanda, Reino Unido, Chile, Argentina, México, Bélgica y Lituania, entre otros. Gracias a todos. 

Ojalá pudiéramos escribir en el idioma natal de cada uno de vuestros países, sobre todo para poder expresar con el mismo cariño y sentimiento las emociones que fluyen de nosotras cuando redactamos en castellano. De momento es prácticamente imposible, pero estamos abiertas a publicar también en inglés si llegara tal demanda por vuestra parte.

En fin, los que nos conocen saben que más que con las palabras, nos gusta transmitir por actos. Ojalá pudiéramos haceros llegar un abrazo de los que calan hondo a cada uno de los que ahora mismo nos estáis leyendo, pero esperamos sinceramente que podáis imaginarlo. 

Y, por encima de todo, esperamos que este próximo año, con cada una de nuestras entradas, podáis seguir sintiéndoos un poquito más abrazados.


The June. 

jueves, 23 de octubre de 2014

Habla la experiencia.

Lealtad

(De leal, 1. f. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien). RAE

La lengua española se caracteriza por su amplio vocabulario y extensa riqueza léxica y semántica, hasta el punto en que la inmensidad de sus fronteras nos hace obviar conceptos de lo más hermosos.

Quizá sonará abstracto, general, filosófico e incluso, esotérico, pero la lealtad es un concepto que hoy nos ha parecido digno de ser tratado en nuestra sección más personal.

¿Por qué? Porque a día de hoy, amigo mío, la lealtad es un término bastante infravalorado. Es posible que hayas tenido la suerte de escapar de la garras de una sociedad con doble de hipocresía y extra de falsedad. Una sociedad en la que el menú de experiencias rápidas exige que todo sea bastante efímero y precipitado – nótese que lo efímero y precipitado no siempre tiene por qué ser, ni mucho menos, malo –, de forma que encontramos conocidos y amigos al mismo ritmo que cambiamos la temporada primavera-verano.

Nos hemos acostumbrado a que nada dure demasiado, a que las amistades también sean algo útil, y no un bien preciado. Establecemos relaciones en las que todos nos beneficiamos, pero que no nos aportan felicidad, ni satisfacción. No son relaciones del verbo ser; son más bien un estado. Por eso caminamos medio tristes, desesperados. Nos faltan los vínculos del ayer, nos falta un gran algo.

Y no necesariamente cuando se habla de déficit de lealtad se habla de traición, como antónimo más amargo. Parece que el uso de tal palabra nos devuelva a una batalla campal entre feudos, con sus ríos de sangre y su furia de hierro.

Sin embargo, aunque hoy no batallemos como antaño, las lágrimas que guardamos o las que soltamos, bien podrían compararse con los ríos bermejos del medievo. Lágrimas por falta de apoyo, de confianza. Lágrimas de sufrimiento.

Porque la realidad, pura y dura, es que la lealtad es ni más ni menos que una oda a los vínculos. Una señal de apoyo y fidelidad hacia esas personas que nos importan, por las que vivimos. Y vivimos por ellas porque nos hacen bien, nos dan fuerza, nos dan cariño. Nos demuestran una lealtad recíproca que cierra un ciclo.

Un ciclo de respeto y de comprensión que fortalece un vínculo. Un vínculo que se establece por amor y no por necesidad. Un vínculo que va más allá del tiempo y del espacio en que vivimos. Por eso, el que es leal, es mucho más que un amigo. Habla la experiencia. 


The June.




sábado, 18 de octubre de 2014

Psicología para todos.

El baúl de los recuerdos
La memoria explicada a un niño de seis años

Álex tenía seis años cuando su abuelo empezó a perder la memoria. La demencia hizo mella en sus recuerdos y, desafortunadamente, su nieto fue uno de los primeros en ser suprimido del recopilatorio final de la historia de su vida.

Pero Álex tenía seis años. Seis años y una inocencia contagiosa que iluminaba calles y avenidas. Una inocencia que conseguía hacer que su abuelo recordara lo olvidado y que las sonrisas del pasado llegaran como formando una cadena hasta el día de hoy.

Álex no sabía que su abuelo le recordaba a ratos, a momentos, a días. Él siempre se dirigía a aquel señor mayor con la misma sonrisa, buscando escuchar las mismas historias, los mismos cuentos, las mismas anécdotas. Una y otra vez. Álex no era consciente de que lo poco que pedía hacía que cada día la sabiduría de su abuelo se quedara retenida. Por jornadas, semanas, nadie lo sabía. Sin embargo, aquellos recuerdos que él anhelaba, perduraban más que cualquier otro ya nunca rememorado o al que no se le prestaba mayor atención.

No obstante, tras muchas noches de sueño difuso y confundido, llegué a la conclusión de que Álex debía saber lo que le estaba pasando a su abuelo. Una tarde, después de mucho meditarlo, me senté con él en su habitación.

Le pregunté si había notado algo raro en su abuelo, y me dijo que creía que le costaba más contarle las historias que le había estado contando hasta entonces. Me miró y me dijo al oído: creo que hay algunas que se las está inventando.

“Álex”, le dije, “¿tú sabes lo que es la memoria?”

“Es ese sitio donde está lo que aprendemos, ¿no?”

“Sí. Y lo recordamos porque se queda ahí, almacenado. La memoria es como el baúl de tu habitación, en el que guardas todos tus juguetes. Los dos sabemos que algunos de tus juguetes te gustan más que otros y por eso siempre están en la parte de arriba del baúl, porque así llegas a ellos más rápido.

A veces te pasa que, cuando decides buscar algún juguete que hacía tiempo que no usabas te cuesta encontrarlo, porque no sabes bien dónde lo has metido. Puede que esté en el fondo o puede que ya no esté, se haya perdido o se lo hayas dejado a alguien.

El fondo del baúl es el rincón oscuro a donde van a parar los juguetes y muñecos que no necesitas o que no usas a menudo. No pasa nada, porque ese fondo sirve de sostén para los juguetes que sí necesitas o usas todos o casi todos los días.

Le memoria es como un baúl. Tenemos más facilidad para recordar los pensamientos y las experiencias que usamos a menudo. Las cosas en las que no solemos pensar o las vivencias que ya no necesitamos, pasan al fondo de nuestro propio baúl, hasta que se olvidan.

Un recuerdo olvidado es un recuerdo perdido, porque es difícil recuperarlo una vez se ha marchado. En nuestra cabeza hay partes que son como la oscuridad del baúl, a donde va todo aquello que ya no necesitamos.

Sin embargo, esa oscuridad se puede extender y afectar a recuerdos que sí queremos, o pensamientos que no querríamos que se marcharan. Cuando eso pasa sin que queramos o podamos frenarlo, suele ser a causa de una enfermedad.”

“El abuelo está enfermo, entonces.”, me miró apenado. 

Sí, Álex” le dije. “Pero lo que tú haces es maravilloso, ¿sabes por qué?”

“No, no lo sé”.

“Porque cuando le pides que te cuente una historia, un cuento, haces que los recuerdos que él tenía en la sombra vuelvan a la luz. Y, así, mientras pasáis las horas absortos en su pensamiento le ganáis terreno a la oscuridad.”

Álex se quedó pensativo un rato y, al cabo de unos segundos, sonrió.

“Creo que seguiré siendo siempre un niño para que nunca se le acaben las historias que contarme.”




The June.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Colaboraciones.

Conociendo a Carla

Carla era una niña de aire, de primavera, de campo. Vivía en un pueblo de montaña con todas las ventajas e inconvenientes que ello pueda suponer. Por un lado, la naturaleza le aportaba la calma y la serenidad que alimentaban un corazón tan grande como el mismo cielo. Por otro, sentía que su vida bien podía compararse con la metáfora del vaso de agua: medio llena, medio vacía. Según la estación, según el día. 

Carla era una niña de aire, de primavera, de campo. Una niña normal, nada fuera de lo común y corriente. Una chiquilla tímida a la par que alegre, haciendo equilibrios entre un rasgo y el otro como un malabarista fuera de serie. Pero, siendo sinceros, nada fuera de lo habitual, lo usual, nada extraordinario en aquel momento presente.

Carla anhelaba ese día, ese momento maravilloso en el que se alzaría victoriosa con una carrera magistral, una pareja por la que no sería la única en suspirar, una casa majestuosa a la que poder llamar hogar, una familia con la que resaltar, una fortuna envidiada por los demás y ella misma, ella siendo una belleza integral.

Pero las circunstancias de Carla no la habían favorecido hasta el momento. Enfrentaba tantas disconformidades como hojas pierde un árbol entre octubre y febrero. Tantas ramas se habían podrido y tantos lirios había visto a sus pies, marchitos, que su actitud hacia el fracaso también se había resentido.

Los otoños llegaban a la misma velocidad, con la misma intensidad, con más delirio que un verano. Allí seguía ella, serena, firme, aguardando. Esperando que el paso del tiempo la llevara como a las hojas las lleva el viento allá donde realmente merecían estar tanto su alma como su cuerpo.

Allí seguía ella, inconformista, metódica, escéptica. Huyendo del peligro como las manecillas de la impuntualidad del reloj. Esperando el momento adecuado, el momento idóneo, puede que simplemente, un momento sin voz. Allí estaba ella, impasible, siendo consciente de que cualquier tiempo próximo, en este caso, sería sin duda el mejor.


The June. 

martes, 14 de octubre de 2014

Historias de amor.

Bianca

Todo empezó en el invierno cálido de la última noche del año. Ahí estábamos los dos, mirándonos sin mirarnos, de reojo, cada uno a un lado de un mismo rincón. Clavábamos nuestras pupilas en el otro con el mayor disimulo encontrado, queriendo huir de una encerrona de la que ambos sabíamos que jamás habríamos podido escapar.

¿Que siempre me había parecido un chico interesante, atractivo? Sí, mucho. Al parecer era un sentimiento mutuo. Supongo que desde la primera vez que le vi, tiempo atrás, se había encendido en mí una pequeña hoguera que prendía con el aire de su respiración, aire que alimentaba mis suspiros al verle pasar.

Así, recuerdo el principio en el final de un año. Nuestros amigos decidieron que no podíamos seguir mirándonos y suspirando, ahogando las palabras que querríamos habernos dicho en saludos cordiales, demasiado forzados. Ahogando las palabras que habríamos querido fundir en un abrazo.

¿Qué mejor forma de acabar con el silencio que matarlo? Ellos pensaron que no habría alianza mejor para hacer surgir el amor que un pestillo y un pequeño cuarto de baño.

Y ahí estábamos los dos, mirándonos sin mirarnos. Él dudando sobre las pautas que habrían seguido los sabios, yo dudando sobre el sentimiento humano.

Pero le miraba y su figura me transmitía la paz que siempre había necesitado. Sus ojos oscuros irradiaban más luz que la ciudad entera y más picardía que un gato. Su sonrisa nerviosa, entretanto, conseguía encogerme el corazón.

Casi tanto como un beso que anuló todas las palabras que sobraban, que no necesitamos decirnos nunca, pues bastaba la melodía de un latir. Despedimos a todas las palabras que la historia ya había escrito por nosotros, y que nosotros decidimos, simplemente, vivir.

Empezamos un año y un camino de la mano. No siempre ha sido fácil, pero los pasos de ayer llegan hasta el presente inmediato y hasta donde el resto de nuestros besos los quieran dirigir.


The June.


viernes, 3 de octubre de 2014

Habla la experiencia.

Adiós, amor, adiós

Ella estaba ahí. Me hablaba y su voz sonaba igual que siempre. Igual que nunca. Descosía los labios para esbozar algún que otro tema más o menos banal entre bocanadas de aire. Ella estaba ahí, pero no era ella. No era la ella que yo recordaba. No sé si a esa ella aún la recuerdo.


Aproveché para clavar mi mirada en su figura. Hacía tiempo que había empezado un proceso inexorable que me llevaba a olvidar sus lunares, o cómo se estremecía en mis oídos el sonido de su voz. Reparó en mi mirada y su expresión cambió, pues no podía – quizá no quería - adivinar el contenido de mis pensamientos. 

"Te he echado de menos", le dije. "También he aprendido a estar sin ti. Empezaste a caminar hacia lo lejos y al final sólo me quedó un invierno, frío y largo. Te di la llave de una puerta que sentía, y que se daba cuenta de que no estabas. Creo que terminaste por dejarla en el portal.

Te he esperado, he extrañado tu ausencia, y sin embargo, cada vez que regresabas volvía contigo mi sonrisa. Pero cada día te he notado más y más fuera que dentro, hasta que el tiempo sin ti terminó por dejar de doler. 

Aún te extraño, no voy a negar lo que es más que evidente, pero cada vez menos. Creo que yo también he encontrado mi propia estación, y tú no estás allí. 

Quizá te suene extraño, todo es posible. Quizá pienses que no eres tú, que soy yo. ¿Quién sabe? En este mundo loco dudo que sea yo la más adecuada para hablar de cordura. Sólo quiero que sepas que esa puerta, la que un día te abrí total e incondicionalmente, se está cerrando.

Ahora mismo está entreabierta, y no puedes imaginar cómo me incomoda, ¡no! Me molesta ese resquicio de luz. Es como un halo confuso, que no se sabe si viene o se va. Por no hablar del ruido, un vacío sonoro de distancia, a veces tan gélido como tú y como yo.

Te pediría solamente una cosa: Si te quedas, que sea para siempre. Si te marchas, por favor, también."



The June.