jueves, 23 de octubre de 2014

Habla la experiencia.

Lealtad

(De leal, 1. f. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien). RAE

La lengua española se caracteriza por su amplio vocabulario y extensa riqueza léxica y semántica, hasta el punto en que la inmensidad de sus fronteras nos hace obviar conceptos de lo más hermosos.

Quizá sonará abstracto, general, filosófico e incluso, esotérico, pero la lealtad es un concepto que hoy nos ha parecido digno de ser tratado en nuestra sección más personal.

¿Por qué? Porque a día de hoy, amigo mío, la lealtad es un término bastante infravalorado. Es posible que hayas tenido la suerte de escapar de la garras de una sociedad con doble de hipocresía y extra de falsedad. Una sociedad en la que el menú de experiencias rápidas exige que todo sea bastante efímero y precipitado – nótese que lo efímero y precipitado no siempre tiene por qué ser, ni mucho menos, malo –, de forma que encontramos conocidos y amigos al mismo ritmo que cambiamos la temporada primavera-verano.

Nos hemos acostumbrado a que nada dure demasiado, a que las amistades también sean algo útil, y no un bien preciado. Establecemos relaciones en las que todos nos beneficiamos, pero que no nos aportan felicidad, ni satisfacción. No son relaciones del verbo ser; son más bien un estado. Por eso caminamos medio tristes, desesperados. Nos faltan los vínculos del ayer, nos falta un gran algo.

Y no necesariamente cuando se habla de déficit de lealtad se habla de traición, como antónimo más amargo. Parece que el uso de tal palabra nos devuelva a una batalla campal entre feudos, con sus ríos de sangre y su furia de hierro.

Sin embargo, aunque hoy no batallemos como antaño, las lágrimas que guardamos o las que soltamos, bien podrían compararse con los ríos bermejos del medievo. Lágrimas por falta de apoyo, de confianza. Lágrimas de sufrimiento.

Porque la realidad, pura y dura, es que la lealtad es ni más ni menos que una oda a los vínculos. Una señal de apoyo y fidelidad hacia esas personas que nos importan, por las que vivimos. Y vivimos por ellas porque nos hacen bien, nos dan fuerza, nos dan cariño. Nos demuestran una lealtad recíproca que cierra un ciclo.

Un ciclo de respeto y de comprensión que fortalece un vínculo. Un vínculo que se establece por amor y no por necesidad. Un vínculo que va más allá del tiempo y del espacio en que vivimos. Por eso, el que es leal, es mucho más que un amigo. Habla la experiencia. 


The June.




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