Lealtad
(De leal, 1. f. Cumplimiento
de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien). RAE
La
lengua española se caracteriza por su amplio vocabulario y extensa riqueza
léxica y semántica, hasta el punto en que la inmensidad de sus fronteras nos hace
obviar conceptos de lo más hermosos.
Quizá
sonará abstracto, general, filosófico e incluso, esotérico, pero la lealtad
es un concepto que hoy nos ha parecido digno de ser tratado en nuestra sección
más personal.
¿Por qué?
Porque a día de hoy, amigo mío, la lealtad es un término bastante
infravalorado. Es posible que hayas tenido la suerte de escapar de la garras de
una sociedad con doble de hipocresía y extra de falsedad. Una sociedad en la
que el menú de experiencias rápidas exige que todo sea bastante efímero y
precipitado – nótese que lo efímero y precipitado no siempre tiene por qué
ser, ni mucho menos, malo –, de forma que encontramos conocidos y amigos al
mismo ritmo que cambiamos la temporada primavera-verano.
Nos hemos
acostumbrado a que nada dure demasiado, a que las amistades también sean algo
útil, y no un bien preciado. Establecemos relaciones en las que todos nos
beneficiamos, pero que no nos aportan felicidad, ni satisfacción. No son
relaciones del verbo ser; son más
bien un estado. Por eso caminamos
medio tristes, desesperados. Nos faltan los vínculos del ayer, nos falta un
gran algo.
Y no
necesariamente cuando se habla de déficit de lealtad se habla de traición, como
antónimo más amargo. Parece que el uso de tal palabra nos devuelva a una batalla
campal entre feudos, con sus ríos de sangre y su furia de hierro.
Sin embargo,
aunque hoy no batallemos como antaño, las lágrimas que guardamos o las que
soltamos, bien podrían compararse con los ríos bermejos del medievo. Lágrimas
por falta de apoyo, de confianza. Lágrimas de sufrimiento.
Porque la
realidad, pura y dura, es que la lealtad es ni más ni menos que una oda a los
vínculos. Una señal de apoyo y fidelidad hacia esas personas que nos importan,
por las que vivimos. Y vivimos por ellas porque nos hacen bien, nos dan fuerza,
nos dan cariño. Nos demuestran una lealtad recíproca que cierra un ciclo.
Un ciclo de
respeto y de comprensión que fortalece un vínculo. Un vínculo que se establece
por amor y no por necesidad. Un vínculo que va más allá del tiempo y del
espacio en que vivimos. Por eso, el que es leal, es mucho más que un amigo. Habla la experiencia.
The June.
No hay comentarios:
Publicar un comentario