Bianca
Todo empezó
en el invierno cálido de la última noche del año. Ahí estábamos los dos,
mirándonos sin mirarnos, de reojo, cada uno a un lado de un mismo rincón. Clavábamos nuestras
pupilas en el otro con el mayor disimulo encontrado, queriendo huir de una
encerrona de la que ambos sabíamos que jamás habríamos podido escapar.
¿Que siempre
me había parecido un chico interesante, atractivo? Sí, mucho. Al parecer era un
sentimiento mutuo. Supongo que desde la primera vez que le vi, tiempo atrás, se
había encendido en mí una pequeña hoguera que prendía con el aire de su
respiración, aire que alimentaba mis suspiros al verle pasar.
Así,
recuerdo el principio en el final de un año. Nuestros amigos decidieron que no
podíamos seguir mirándonos y suspirando, ahogando las palabras que querríamos
habernos dicho en saludos cordiales, demasiado forzados. Ahogando las palabras que habríamos querido fundir en un abrazo.
¿Qué mejor
forma de acabar con el silencio que matarlo? Ellos pensaron que no habría alianza mejor para hacer surgir el amor que un pestillo y un pequeño cuarto de baño.
Y ahí
estábamos los dos, mirándonos sin mirarnos. Él dudando sobre las pautas que habrían seguido los sabios, yo dudando
sobre el sentimiento humano.
Pero le
miraba y su figura me transmitía la paz que siempre había necesitado. Sus ojos oscuros
irradiaban más luz que la ciudad entera y más picardía que un gato. Su sonrisa nerviosa, entretanto, conseguía
encogerme el corazón.
Casi tanto
como un beso que anuló todas las palabras que sobraban, que no necesitamos
decirnos nunca, pues bastaba la melodía de un latir. Despedimos a todas las palabras que la historia ya había escrito por
nosotros, y que nosotros decidimos, simplemente, vivir.
Empezamos un
año y un camino de la mano. No siempre ha sido fácil, pero los pasos de ayer llegan hasta el presente inmediato y hasta donde el resto de nuestros besos los quieran
dirigir.
The June.
No hay comentarios:
Publicar un comentario