jueves, 19 de diciembre de 2013

Psicología para todos.

TRASTORNO MÚLTIPLE DE LA PERSONALIDAD

A veces, me hablaba ella. A veces, parecía que me hablaba él.

George y Marion se conocieron en el año 1986 en el Instituto de Psicología de la Université René Descartes, en París. Ella estudiaba figuras y él buscaba en todo el fondo. Inseparables, aun siendo como el agua y el aceite, no tardaron en contraer matrimonio. La gente no comprendía cómo dos personas tan distintas podían llegar a soportarse. Es probable que ni ellos mismos lo supieran. Y, sin embargo, se miraban y la vida cobraba sentido.

Marion lo perdió todo el día en que George falleció, cinco años después, en un accidente de tren. Por aquel entonces, ella tenía veintiocho años.

Pasó un año consumiéndose en el silencio de su vacío. Apenas salía de casa, ni mucho menos se relacionaba con familiares o amigos. Tras el aniversario de la muerte de George, Marion recuperó el habla y su rutina diaria tal y como había sido hasta hacía un año atrás. Sin embargo, algo había cambiado en ella… Ya no era exactamente la misma.

Descrita por sus numerosos conocidos, Marion había sido siempre una persona muy conversadora y divertida, y al mismo tiempo culta, elegante y llena de glamour. Así la conocí yo cuando me senté con ella por primera vez. Me costaba seguirla en su francés apresurado y susurrante, pero comprendía mucho más de lo que ella parecía querer darme a entender. Vous me faites rire, me decía. En realidad, reía casi con cualquier cosa.

Marion hablaba de George como si estuviera sentado a su vera compartiendo uno de sus ratos libres con ella y con una humeante taza de té en las manos. No me daba la sensación de que hubiese aceptado la muerte de su esposo.

Necesité algo más de tiempo para percatarme de que la situación era sustancialmente diferente a cómo la había planteado en un principio: Marion ya no era sólo Marion.

Una tarde, cuando se había cumplido una semana desde la primera vez que la visité, se comportó de forma muy distinta conmigo. I don’t feel like talking today. It’s a rainy day… You shouldn’t be here. Su voz sonaba más grave; su expresión, más fría. Seguía manteniendo un porte elegante, aunque también más masculino de lo que acostumbraba a ver en ella. No había ni rastro de la Marion que yo conocía.

Durante meses, la mujer había recabado cada recuerdo que le quedaba de su marido, llegando a establecer en sí misma una personalidad paralela a la suya propia. Ésa, que se correspondía con la de un marido al que no volvería a ver jamás.

Pasaron semanas en las que observé atentamente cómo Marion iba alternando una personalidad con la otra. Debo admitir que la gente tenía razón: no se parecían en prácticamente nada. Y sin embargo, tenían ese toque de humor y ese brillo en la mirada que les hacía seguir siendo uno.

Cuando una noche me preparaba para volver a casa, Marion me dijo: Je sais qu'il est ici. Il est ici avec moi. Toujours.

Me pregunté si aquella no era también una forma más de amor. Me respondí que jamás había encontrado una tan curiosa, pero tan perfectamente válida y pura como cualquier otra.



The June. 


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