BILINGÜISMO: EL BUENO, EL MALO Y EL INDIFERENTE
En la historia que se narrará a continuación, el bilingüismo se
personifica como un matrimonio constituido por dos lenguas, aspecto que caracteriza la definición en sí misma del término.
El señor inglés y la señora
francesa llevaban años firmemente asentados en la corteza cerebral de la joven
Camille Laserre. Con ello queremos decir que Camille hablaba ambas lenguas
desde su nacimiento, pues tanto a una como a la otra se había visto expuesta simultáneamente. No
ocurría así con su amiga, Jeanette Fournier, quien hablaba francés desde el
nacimiento pero había adquirido - ya en la escuela infantil - un nivel de
inglés casi tan bueno como el de su lengua nativa.
Realmente, si ambas lenguas se
aprendieron simultáneamente o el bilingüismo fue un proceso
progresivo, no es un aspecto en exceso relevante para la historia que
se detallará en adelante.
Cuando el señor inglés y la
señora francesa llegaron al cerebro de Camille, se encontraron con una
construcción majestuosa y que no habrían podido jamás imaginar, por decenas de
descripciones idílicas que pudieran haberles ofrecido sobre su futura
residencia de ensueño.
Es importante mencionar que el
cerebro humano es, probablemente, una de las más complejas estructuras que se
pueden hallar en la naturaleza. Además, nuestro sentido de la unicidad como
personas puede explicarse en gran medida al hecho de que nunca daremos con dos
cerebros iguales. Al igual que no podremos hallar dos personalidades o dos
trastornos de la personalidad idénticos. Y tampoco encontraremos a dos personas
que hablen un idioma de la misma manera, aun siendo su lengua nativa. Imaginad
todo esto a una escala reducida.
Pero, por favor, permitidme que
vuelva a la historia del señor inglés y la señora francesa. Cuando el matrimonio
se apostó en el cerebro de Camille, se encontró no sólo con una residencia que quitaba el aliento, dotada de las mejores instalaciones y circuitos, sino con una serie
de destacables vecinos con los que de una forma o de otra terminaron entablando relación.
Los primeros vecinos de los que
hablaremos son las típicas personas con la que no nos gusta compartir los
segundos que dura un ascenso o descenso en elevador. Quizás porque hablan mucho
o demasiado poco, nos observan de forma extraña o cuestionan hasta el abrochamiento
o no abrochamiento de un simple botón.
En el biligüismo, estos vecinos
“malos”
se corresponden con los efectos que la adquisición de dos lenguas tiene
para los procesos de dominio de un idioma
y para la fluidez verbal. Se ha
comprobado que el bilingüismo implica el dominio de un vocabulario más reducido
para cada idioma que en las personas monolingües. Esto suele explicarse en base al hecho de que los bilingües utilizan cada una de las
lenguas con menor frecuencia que los monolingües, por lo que crean conexiones
más débiles en los circuitos que facilitan la fluidez verbal.
Por otro lado, el señor inglés y
la señora francesa se encontraron con un matrimonio sumamente agradable y con
el que pronto establecieron una bonita amistad. Quedaban para cenar glucosa
juntos, para salir a contemplar los amplios circuitos de redes neuronales que
se observaban desde la corteza occipital… Y reían, como ríen a carcajadas los
amigos. Una vez, este matrimonio confesó al señor inglés y a la señora francesa
que conocerles había resultado ser una experiencia sumamente enriquecedora.
En el bilingüismo, estos
vecinos “buenos” hacen referencia a los procesos de resolución de conflictos y al control ejecutivo. Estudios con
niños han demostrado que los bilingües llevan a cabo mejor las tareas
metalingüísticas - que implican controlar la atención y la inhibición - que sus compañeros monolingües. Además, son
más capaces a la hora de reconocer frases sin sentido, pero que están
gramaticalmente bien construidas. Así pues, los niños bilingües son capaces de
resolver conflictos y problemas con claves confusas a edades más tempranas que
los monolingües. Sin olvidar que, a nivel cognitivo, el bilingüismo supone un
incremento del funcionamiento cognitivo, protegiendo del declive ejecutivo que
se produce de forma natural con el paso de los años.
Por último, el señor inglés y la
señora francesa se encontraban de vez en cuando con esos vecinos de los que
sabemos más bien poco. Apenas su nombre y en qué piso viven, pero no hemos
cruzado más de dos palabras con ellos. No sabemos muy bien a qué se dedican, ni
qué función cumplen. Y, sin embargo, su presencia o ausencia en el edificio
cerebral no termina de pasar desapercibida.
Para el bilingüismo, estos
vecinos “indiferentes” se refieren al recuerdo libre y a la memoria de trabajo. No está claro a priori si el bilingüismo afecta al
desarrollo y funcionamiento de la memoria de trabajo. Por ejemplo, en tareas de
recuerdo libre los bilingües obtienen peores resultados que los monolingües - aspecto
que no sorprende dado que su rendimiento en tareas verbales es peor -.
Como el señor inglés y la señora
francesa hay millones de combinaciones posibles de bilingüismos y de personas
bilingües. Hablar dos lenguas, sin lugar a dudas, es una experiencia que
influye en el funcionamiento cognitivo y, de alguna forma, también en la
estructura. Y, como hemos podido observar, los efectos no son sencillos.
El “déficit” lingüístico y la
ventaja sobre el control de la atención interactúan para crear una imagen
ciertamente compleja de la cognición. Imagen totalmente diferente para los
bilingües y para los hablantes de una sola lengua. Imagen que, pese a todo lo
mencionado, no puede definirse simple y llanamente como algo bueno, malo o
indiferente.
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