sábado, 4 de enero de 2014

Psicología para todos.

BILINGÜISMO: EL BUENO, EL MALO Y EL INDIFERENTE


En la historia que se narrará a continuación, el bilingüismo se personifica como un matrimonio constituido por dos lenguas, aspecto que caracteriza la definición en sí misma del término.

El señor inglés y la señora francesa llevaban años firmemente asentados en la corteza cerebral de la joven Camille Laserre. Con ello queremos decir que Camille hablaba ambas lenguas desde su nacimiento, pues tanto a una como a la otra se había visto expuesta simultáneamente. No ocurría así con su amiga, Jeanette Fournier, quien hablaba francés desde el nacimiento pero había adquirido - ya en la escuela infantil - un nivel de inglés casi tan bueno como el de su lengua nativa.

Realmente, si ambas lenguas se aprendieron simultáneamente o el bilingüismo fue un proceso progresivo, no es un aspecto en exceso relevante para la historia que se detallará en adelante.

Cuando el señor inglés y la señora francesa llegaron al cerebro de Camille, se encontraron con una construcción majestuosa y que no habrían podido jamás imaginar, por decenas de descripciones idílicas que pudieran haberles ofrecido sobre su futura residencia de ensueño.

Es importante mencionar que el cerebro humano es, probablemente, una de las más complejas estructuras que se pueden hallar en la naturaleza. Además, nuestro sentido de la unicidad como personas puede explicarse en gran medida al hecho de que nunca daremos con dos cerebros iguales. Al igual que no podremos hallar dos personalidades o dos trastornos de la personalidad idénticos. Y tampoco encontraremos a dos personas que hablen un idioma de la misma manera, aun siendo su lengua nativa. Imaginad todo esto a una escala reducida.

Pero, por favor, permitidme que vuelva a la historia del señor inglés y la señora francesa. Cuando el matrimonio se apostó en el cerebro de Camille, se encontró no sólo con una residencia que quitaba el aliento, dotada de las mejores instalaciones y circuitos, sino con una serie de destacables vecinos con los que de una forma o de otra terminaron entablando relación.

Los primeros vecinos de los que hablaremos son las típicas personas con la que no nos gusta compartir los segundos que dura un ascenso o descenso en elevador. Quizás porque hablan mucho o demasiado poco, nos observan de forma extraña o cuestionan hasta el abrochamiento o no abrochamiento de un simple botón.

En el biligüismo, estos vecinos “malos” se corresponden con los efectos que la adquisición de dos lenguas tiene para los procesos de dominio de un idioma y para la fluidez verbal. Se ha comprobado que el bilingüismo implica el dominio de un vocabulario más reducido para cada idioma que en las personas monolingües. Esto suele explicarse en base al hecho de que los bilingües utilizan cada una de las lenguas con menor frecuencia que los monolingües, por lo que crean conexiones más débiles en los circuitos que facilitan la fluidez verbal.

Por otro lado, el señor inglés y la señora francesa se encontraron con un matrimonio sumamente agradable y con el que pronto establecieron una bonita amistad. Quedaban para cenar glucosa juntos, para salir a contemplar los amplios circuitos de redes neuronales que se observaban desde la corteza occipital… Y reían, como ríen a carcajadas los amigos. Una vez, este matrimonio confesó al señor inglés y a la señora francesa que conocerles había resultado ser una experiencia sumamente enriquecedora.

En el bilingüismo, estos vecinos “buenos” hacen referencia a los procesos de resolución de conflictos y al control ejecutivo. Estudios con niños han demostrado que los bilingües llevan a cabo mejor las tareas metalingüísticas - que implican controlar la atención y la inhibición -  que sus compañeros monolingües. Además, son más capaces a la hora de reconocer frases sin sentido, pero que están gramaticalmente bien construidas. Así pues, los niños bilingües son capaces de resolver conflictos y problemas con claves confusas a edades más tempranas que los monolingües. Sin olvidar que, a nivel cognitivo, el bilingüismo supone un incremento del funcionamiento cognitivo, protegiendo del declive ejecutivo que se produce de forma natural con el paso de los años.

Por último, el señor inglés y la señora francesa se encontraban de vez en cuando con esos vecinos de los que sabemos más bien poco. Apenas su nombre y en qué piso viven, pero no hemos cruzado más de dos palabras con ellos. No sabemos muy bien a qué se dedican, ni qué función cumplen. Y, sin embargo, su presencia o ausencia en el edificio cerebral no termina de pasar desapercibida.

Para el bilingüismo, estos vecinos “indiferentes” se refieren al recuerdo libre y a la memoria de trabajo. No está claro a priori si el bilingüismo afecta al desarrollo y funcionamiento de la memoria de trabajo. Por ejemplo, en tareas de recuerdo libre los bilingües obtienen peores resultados que los monolingües - aspecto que no sorprende dado que su rendimiento en tareas verbales es peor -.

Como el señor inglés y la señora francesa hay millones de combinaciones posibles de bilingüismos y de personas bilingües. Hablar dos lenguas, sin lugar a dudas, es una experiencia que influye en el funcionamiento cognitivo y, de alguna forma, también en la estructura. Y, como hemos podido observar, los efectos no son sencillos.

El “déficit” lingüístico y la ventaja sobre el control de la atención interactúan para crear una imagen ciertamente compleja de la cognición. Imagen totalmente diferente para los bilingües y para los hablantes de una sola lengua. Imagen que, pese a todo lo mencionado, no puede definirse simple y llanamente como algo bueno, malo o indiferente.



The June. 

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