jueves, 17 de abril de 2014

Habla la experiencia.

Culpable, dijeron

Culpa. Culpa. Culpa. Hoy hablo de ella porque es la típica palabra que encabeza mi lista de más odiadas. No os imagináis el daño que puede hacer su uso cotidiano, aunque la pobre no sea consciente de ello.

Supongo que os habréis dado cuenta de que os encanta, como suele bien decirse, ver la paja en el ojo ajeno. Es decir, yo hice tal o tal otra cosa porque tú… Es que si tú hicieras esto o esto otro… Esto nunca habría pasado si yo hubiese…

Es sencillo: aparentemente, lo que hacemos nosotros siempre queda mucho mejor. Ergo, cuando alguien hace algo que nos perturba o nos incomoda, se convierte ipso facto en culpable de semejante atroz acción.

Culpable. tienes la culpa. Fue por mi culpa… ¿Cuántas veces escuchará el sol estas palabras a lo largo de un día? ¿Y a lo largo de una vida? ¿Por qué?

La culpa es una estrategia que utilizamos, muchas veces sin darnos cuenta, como un escudo protector. No siempre la persona a la que señalamos implacablemente como culpable es la única y absoluta responsable del evento del que se la acusa. Y ahí está la clave, pues la culpa es uno de los sentimientos más venenosos que existe.

Es ponzoña, es tóxica. Por eso, intentamos eliminarla de nuestro camino, preferimos que salpique a otros antes que pasar por la sensación de miseria que puede llegar a provocar. Antes de que nos envenene, huimos. Tratamos como sea de escapar.

Y nunca nos hemos dado cuenta de que quizá es una simple palabra la que puede cambiarlo todo. ¿Da igual si te digo: esto que ha sucedido es culpa tuya que esto es tu responsabilidad?

La palabra culpa encierra un significado peyorativo de ataque, de agresión. Significado, no obstante, que la propia sociedad le ha atribuido con el tiempo. El significado es increíblemente similar al de responsabilidad, y al mismo tiempo, muy distinto.

De nuevo un porqué: la palabra culpa, tal y como la conocemos, hace referencia a algo que sucedió o no sucedió pero ya no puede ser cambiado. Algo pasivo, que será objeto de reproche y de sufrimiento. Sin embargo, la palabra responsabilidad implica algo activo, crecimiento. Crecimiento por ser mucho más consciente de todos nuestros actos, de sus consecuencias y de qué podríamos hacer o no hacer para mejorar en el futuro. Lo sucedido, como dijimos en entradas anteriores, no puede cambiarse. Pero siempre se puede aprender de todo lo que vivimos.

Y por eso debemos dejar de sentirnos culpables. Pase lo que pase, nuestras experiencias nos ayudan a crecer y a construir lo que somos día a día. Y, de eso, somos única y absolutamente responsables.

The June.


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