Culpable, dijeron
Culpa.
Culpa. Culpa. Hoy hablo de ella porque es la típica palabra que encabeza mi
lista de más odiadas. No os imagináis
el daño que puede hacer su uso cotidiano, aunque la pobre no sea consciente de ello.
Supongo que
os habréis dado cuenta de que os encanta, como suele bien decirse, ver la paja en el ojo ajeno. Es decir, yo
hice tal o tal otra cosa porque tú… Es que si tú hicieras esto o esto otro…
Esto nunca habría pasado si yo hubiese…
Es sencillo:
aparentemente, lo que hacemos nosotros siempre queda mucho mejor. Ergo, cuando
alguien hace algo que nos perturba o nos incomoda, se convierte ipso facto en culpable de semejante atroz acción.
Culpable. Tú tienes la culpa. Fue por mi
culpa… ¿Cuántas veces escuchará el sol estas palabras a lo largo de un día?
¿Y a lo largo de una vida? ¿Por qué?
La culpa es
una estrategia que utilizamos, muchas veces sin darnos cuenta, como un escudo
protector. No siempre la persona a la que señalamos implacablemente como
culpable es la única y absoluta responsable del evento del que se la acusa. Y
ahí está la clave, pues la culpa es uno de los sentimientos más venenosos que
existe.
Es ponzoña,
es tóxica. Por eso, intentamos eliminarla de nuestro camino, preferimos que
salpique a otros antes que pasar por la sensación de miseria que puede llegar a provocar. Antes de que nos envenene,
huimos. Tratamos como sea de escapar.
Y nunca nos
hemos dado cuenta de que quizá es una simple palabra la que puede cambiarlo
todo. ¿Da igual si te digo: esto que ha
sucedido es culpa tuya que esto es tu
responsabilidad?
La palabra culpa encierra un significado
peyorativo de ataque, de agresión. Significado, no obstante, que la propia
sociedad le ha atribuido con el tiempo. El significado es increíblemente
similar al de responsabilidad, y al
mismo tiempo, muy distinto.
De nuevo un
porqué: la palabra culpa, tal y como la conocemos, hace referencia a algo que
sucedió o no sucedió pero ya no puede ser cambiado. Algo pasivo, que será objeto
de reproche y de sufrimiento. Sin embargo, la palabra responsabilidad implica
algo activo, crecimiento. Crecimiento
por ser mucho más consciente de todos nuestros actos, de sus consecuencias y de
qué podríamos hacer o no hacer para mejorar en el futuro. Lo sucedido, como
dijimos en entradas anteriores, no puede cambiarse. Pero siempre se puede
aprender de todo lo que vivimos.
Y por eso
debemos dejar de sentirnos culpables. Pase lo que pase, nuestras experiencias
nos ayudan a crecer y a construir lo que somos día a día. Y, de eso, somos
única y absolutamente responsables.
The June.
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