Narcisismo
Me miraba al
espejo y pensaba: yo lo valgo. No había nada que no supiera hacer. De hecho,
puestos a decir, yo era el mejor en todo.
Tenía unas
dotes exacerbadas para el cálculo y la aritmética. Por no hablar de mi
evidentísimo dominio del léxico, a la vista está.
Y la gente
me quería, por supuesto. ¿Cómo no iban a hacerlo, si yo me comportaba siempre
de forma amable y generosa? Era más que evidente que ninguno de ellos podía
actuar con la gracia y soltura con que lo hacía yo.
Yo era
inteligente. Pero no sólo inteligente: era
el más listo, con diferencia,
respecto al resto de personas que formaban parte de mi vida.
Y además era
guapo. Me definían unos rasgos harto exóticos que bien llamaban la atención
de cualquier mujer que se me cruzara. Por supuesto, mi don innato para la
seducción se convertía en un excelente colaborador a la hora de entablar una
conversación por vez primera.
Eso pensaba
yo. Creía, ¡no!, me consideraba poseedor de la más absoluta veracidad al
afirmar todas aquellas bondades sobre mí mismo. Y estaba seguro de que nadie
podía quererme y valorarme más que yo mismo, pues bien podéis observar que
tenía plena constancia de mis virtudes.
Pero un día
llegó ella.
Decía haber
estado mirándome tanto tiempo que se le había cansado la vista. Por un momento pensé que era
un piropo – peculiar, aunque tierno,
de algún modo – hasta que me dijo: basta.
Y aún me cuesta creer que nadie hasta aquel entonces hubiera sido capaz de hacerme
parar en seco para obligarme a contemplar cómo realmente era.
Ella me hizo
entender que lo que yo valía, cerrándome en mí mismo, no era más que una pérdida
de tiempo. Que la condescendencia con la que miraba a los que me rodeaban,
asumiendo que ninguno de ellos podía estar a mi nivel – en ninguna de las áreas
en las que yo mencionaba destacar – me había llevado a estar solo. La gente se
sentaba con mi cuerpo, pero no con mi persona.
Ella me hizo
comprender el desprecio que había mostrado hacia los demás, en ningún caso
siendo capaz de ver más allá de mí mismo, mis necesidades e intereses. Pensaba que para mí no existían los
límites y aquella fue mi mayor limitación.
Comprendí
que era bueno, pero no el mejor. Comprendí que era inteligente, aunque no podía
enfrentarme con la misma facilidad a todos los problemas. Comprendí que incluso en más de una ocasión me había temblado la voz.
Y supe entonces
que no había podido encontrar a nadie mejor para sacarme de mi propia cárcel, y
ayudarme a empezar de cero. Esta vez, queriendo al mundo que me rodeaba tanto o más que a
mí mismo.
El narcisismo –
patológico – consiste en una sobreestimación de las habilidades de la propia
persona, así como una excesiva necesidad de admiración y afirmación. Se suele
manifestar en forma de egoísmo y desconsideración hacia las necesidades y
sentimientos de los demás.
La psicología humanista, sin embargo, considera que el narcisismo
patológico se relaciona con una autoestima baja.
The June.
No hay comentarios:
Publicar un comentario