miércoles, 2 de abril de 2014

Habla la experiencia.

De lo que fue y no debió haber sido… Y viceversa

Seguro que más de una mañana te has levantado - sin ganas - para mirarte al espejo y lamentar que la última copa de la noche entrara sin piedad en tu cuerpo. O, estando en el gimnasio, repetirte que la ensaimada del almuerzo quizá era más que prescindible. Alguna vez te habrás planteado: en qué mala hora di con él/ella. Otras, ¿qué habría pasado si todo hubiese sido distinto?

Arrepentimiento. Es una palabra que suele transmitir más escalofríos que sonrisas. El arrepentimiento es un sentimiento que nos acompaña cuando pensamos que hay algo que, cuando echamos la vista atrás, podríamos haber hecho de forma diferente. Y nos pesa no haber sido conscientes en su momento de que la posibilidad que en la actualidad se nos plantea como única no brillara como tal en aquel tiempo anterior.

Arrepentimiento. Es la cárcel del pasado, de los recuerdos que afloran cuando llueve en nuestros días o estos deciden torcerse sin ningún porqué. En él están encerrados todos los quise y no pude, los pensé y guardé, los dije y jamás pedí perdón. Todos los besos que nunca hemos dado, y toda muestra de amor que sabemos que ya nunca podremos dar.

Y, no obstante, es una mentira, una falacia, una obcecación. El arrepentimiento no es tan malo como siempre hemos creído. De hecho, desde tiempo inmemoriales arrepentirse significa aceptar los errores del pasado de cara al futuro. Para no volver a no decir lo que estaba escrito en un latido. Para no volver a darnos la vuelta sin ser capaces de tragarnos nuestro orgullo y decir, simplemente, lo siento. Para, por fin, querer y poder. Para no tener miedo a dar todos esos besos.

¿El arrepentimiento cambia el pasado? Claro que no. El pasado es la sombra de cada paso que damos. Nos acompaña en cada momento, pues forma parte de lo que somos. No podemos cambiar lo que algún día hicimos y a día de hoy no nos permite sentirnos plenamente orgullosos. Aunque precisamente esto es lo bello, que todo lo que hicimos o dejamos de hacer sigue formando parte de lo que hoy somos.

El pasado nos ayuda a construirnos. Sin pasado no hay futuro. ¿Arrepentirse por lo que hicimos o dejamos de hacer, por lo que hicimos o dejamos de decir? Bueno, es una opción.

La otra consiste en plantearnos qué de todo lo que nunca hicimos o dijimos podemos modificar. Y en sonreír. Probablemente nunca fue demasiado tarde para el último beso. O quizá sí, pero de alguna manera ya éramos conscientes de que aquella era la mejor decisión incluso antes de tomarla.

A fin de cuentas, las riendas de tu vida siempre han sido tuyas. Cualquier decisión pasada te ha llevado a ser lo que eres ahora. Si eres feliz, no te arrepientas, ¡al contrario! Ínflate de orgullo y vuela, siempre pensando que cada aletazo que des te llevará alto, muy alto. Te llevará hasta donde sólo tú sabes, hasta donde sólo tú quieras llegar.




The June.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario