sábado, 7 de diciembre de 2013

Habla la experiencia.

De polos opuestos

Hace poco llegué a la conclusión de que podría hacer una lista enorme con las cosas que no me gustan. De hecho, ¿por qué no?, voy a explayarme aquí mismo.

Tengo pánico a las tormentas y no soporto los días de lluvia. Me da la sensación de que el cielo llora, y así es como empatizo con las nubes. Sin embargo, he de admitir que son las mejores noches para dormir.

Sufro una terrible aversión a las mañanas de lunes, martes y miércoles. El jueves y el viernes me caen algo mejor.

No soporto madrugar, y menos aún en vacaciones. De empalmar ya, ni hablamos.

Odio la impuntualidad, sobre todo en invierno. Odio el invierno. No me gusta el frío, ni me gustan los días sin luz.

El café y el vino no son para mí.

Queda científicamente demostrado que no tolero ni una sola legumbre. No puedo con ellas. Hay algo en su forma y su sabor que… No puedo con ellas.

Las mentiras me superan. No soporto lidiar con personas que, cuando se enfadan, se quedan calladas y no te ofrecen ninguna clave sobre cómo actuar al respecto. Las amistades de todo o nada son claramente un error. Las lecciones morales dejan de ser necesarias cuando sabes que alguna vez has pensado, hecho o dicho lo mismo que en otra persona estás tratando evitar.

No me gustan los silencios, esos que se generan porque las palabras mueren y queda sólo un vacío. No es lo mismo que quedarse dormido en el aliento suspendido del otro. Esos son mis silencios favoritos.

No me gusta sentirme controlada. No me gusta que me den órdenes. No me gusta que me levanten la voz.

No me gustan las despedidas, ni los abrazos cortos. Me frustra entender y no ser comprendida. También saber manejar los momentos difíciles de los demás y que no suceda igual a la inversa. A veces, con un simple abrazo basta.

Y podréis pensar que me quejo de vicio, pero lo cierto es que no. Odiaré la impuntualidad eternamente, pero muchas de las personas que adoro jamás aprenderán el significado de ser puntual. No soportaré las lentejas, pero por muchos años me quedarán dos opciones: las tomas o las dejas. La gente seguirá mintiendo y dando lecciones morales que me tocará volver a escuchar. Seguirá habiendo silencios incómodos. Y despedidas. Y abrazos cortos.

Porque la vida, como el mundo, tiene dos polos. Y siempre habrá cosas que no nos gusten, que no soportemos, que queramos cambiar en los demás y en nosotros mismos.

Las cosas que no nos gustan nos ayudan a valorar mucho más las que nos fascinan. Después de un silencio incómodo puede venir una sonrisa. Y una carcajada que resonará en tu cabeza mientras intentas conciliar el sueño. Después de un abrazo corto (y quizá impuntual), uno eterno. Después de una tormenta, un precioso día de sol.

Lo mejor de una discusión es la reconciliación que le sigue. Y reconciliarse con uno mismo. El mundo está hecho de polos opuestos para que la vida se convierta en una aventura. ¿Qué sentido tendría, si no, vivirla?




The June. 



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