De polos opuestos
Hace poco llegué a la conclusión
de que podría hacer una lista enorme con las cosas que no me gustan. De hecho,
¿por qué no?, voy a explayarme aquí mismo.
Tengo pánico a las tormentas y no
soporto los días de lluvia. Me da la sensación de que el cielo llora, y así es
como empatizo con las nubes. Sin embargo, he de admitir que son las mejores
noches para dormir.
Sufro una terrible aversión a las
mañanas de lunes, martes y miércoles. El jueves y el viernes me caen algo
mejor.
No soporto madrugar, y menos aún
en vacaciones. De empalmar ya, ni hablamos.
Odio la impuntualidad, sobre todo
en invierno. Odio el invierno. No me gusta el frío, ni me gustan los días sin
luz.
El café y el vino no son para mí.
Queda científicamente demostrado
que no tolero ni una sola legumbre. No puedo con ellas. Hay algo en su forma y
su sabor que… No puedo con ellas.
Las mentiras me superan. No
soporto lidiar con personas que, cuando se enfadan, se quedan calladas y no te ofrecen
ninguna clave sobre cómo actuar al respecto. Las amistades de todo o nada son claramente un error. Las
lecciones morales dejan de ser necesarias cuando sabes que alguna vez has
pensado, hecho o dicho lo mismo que en otra persona estás tratando evitar.
No me gustan los silencios, esos
que se generan porque las palabras mueren y queda sólo un vacío. No es lo mismo
que quedarse dormido en el aliento suspendido del otro. Esos son mis silencios favoritos.
No me gusta sentirme controlada.
No me gusta que me den órdenes. No me gusta que me levanten la voz.
No me gustan las despedidas, ni
los abrazos cortos. Me frustra entender y no ser comprendida. También saber
manejar los momentos difíciles de los demás y que no suceda igual a la inversa.
A veces, con un simple abrazo basta.
Y podréis pensar que me quejo de
vicio, pero lo cierto es que no. Odiaré la impuntualidad eternamente, pero
muchas de las personas que adoro jamás aprenderán el significado de ser puntual. No soportaré las lentejas, pero
por muchos años me quedarán dos opciones: las
tomas o las dejas. La gente seguirá mintiendo y dando lecciones morales que
me tocará volver a escuchar. Seguirá habiendo silencios incómodos. Y
despedidas. Y abrazos cortos.
Porque la vida, como el mundo,
tiene dos polos. Y siempre habrá cosas que no nos gusten, que no soportemos,
que queramos cambiar en los demás y en nosotros mismos.
Las cosas que no nos gustan nos
ayudan a valorar mucho más las que nos fascinan. Después de un silencio
incómodo puede venir una sonrisa. Y una carcajada que resonará en tu cabeza
mientras intentas conciliar el sueño. Después de un abrazo corto (y quizá
impuntual), uno eterno. Después de una tormenta, un precioso día de sol.
Lo mejor de una discusión es la
reconciliación que le sigue. Y reconciliarse con uno mismo. El mundo está hecho
de polos opuestos para que la vida se convierta en una aventura. ¿Qué sentido
tendría, si no, vivirla?
The June.
Es precioso!!! :)
ResponderEliminarMuchas gracias, Paula. Nos alegramos mucho de que te haya gustado. :)
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