Cora
¿Y si todo hubiese empezado antes de lo que imaginamos?
Es probable
que los primeros petardos de la falla los
tirásemos juntos, y ni fuéramos conscientes de ello. Compartimos un pasado
desde pequeños: las sesiones de domingo en mi portal con mi hermana gemela y
otro amigo, aunque en aquella época todos creyéramos que a Joan le gustaba ella,
no yo.
Sin embargo,
con el paso de los años Joan me envió una carta. ¿Qué puedo decir? En aquel
escrito inocente confesaba su amor por mí, aunque decía no poder reconocerlo en
público dado que nuestro amigo sentía cosas por mí, y aquella declaración podía
suponer una brecha para el grupo. Todo un caballero.
Aun así, sin
querer romper nada, lo hicimos. Una tarde de las muchas que albergaba mi casa
como templo, decidimos jugar al típico juego preadolescente de ¿te atreves, o no te atreves? Y aquel fue
mi primer beso, con Joan.
Por aquel
beso tonto, nuestro amigo se enfadó
bastante y terminamos por distanciarnos todos un poco.
Fue por
aquel entonces cuando dejé al chico de la falla con el que había estado algún
tiempo y empecé a salir con Hugo, con quien pasé cuatro años. Joan se fue de
Erasmus a Polonia y, poco después, empezó a salir también con una chica.
Parecía en aquel momento que nuestros caminos tomaban rumbos diferentes.
No obstante,
durante esos cuatro años seguíamos haciendo trayectos y más trayectos juntos a
la Escuela Oficial de Idiomas, donde él estudiaba ruso y yo, francés. Teníamos
nuestros momentos mágicos, pues sabíamos que nunca pasaría nada, pero
la conexión que había entre nosotros era imposible de obviar. De vez en cuando
se nos escapaba algún pensamiento prohibido, quizá un deseo inconsciente o una
voluntad secreta: algún día volveremos a
estar juntos, decíamos.
Un día, sin
esperarlo, Hugo me traicionó de la única manera en la que de verdad se rompen
las almas. Yo me hundí, lo pasé verdaderamente mal. No sabía si quería contarlo
porque no sabía si debía darle una segunda oportunidad o cerrar aquel capítulo
para siempre.
Casualmente
coincidí con Joan en un acto de la falla celebrado en un salón que estaba bastante
oscuro. Él me preguntó por mí y yo le dije que no estaba bien. Y lo adivinó, no
sé cómo, pero supo lo que había pasado entre Hugo y yo. Quizá lo supo por esa
conexión especial que existe entre nosotros. A lo mejor, también porque leyó en
mi cara la expresión que hacía tiempo que veía en la suya: él tampoco estaba bien con ella.
Mi
cumpleaños se acercaba, y Joan decidió que debíamos olvidar las penas juntos.
Parecía decirlo un poco de broma, pero la costumbre de vernos una tarde acabó
trasladándose a cada día, siendo el
primero ya una trampa perfectamente organizada para robarnos algún que otro beso. Empezamos
con un cigarrito en su coche, y acabamos yendo a cenar, al cine… Como una
pareja.
No terminó
de funcionar. Básicamente porque los dos seguíamos un poco anclados a nuestras
parejas. Él no lo había dejado del todo con su novia y yo aún tardé unas
semanas en pedirle un tiempo a Hugo.
No obstante, la
conclusión de esos dos meses que pasamos juntos, como si lo estuviéramos de
verdad, era que podíamos estarlo. Que podía funcionar. Quizá aquel no había
sido el momento, pero sabíamos que si llegaba sería perfecto.
Ese verano
él fue a ver a su novia para intentar solucionar sus problemas y yo me
preparaba para mi año de Erasmus en Roma. Fue uno de los mejores años de mi
vida, aunque Joan y yo perdimos bastante el contacto.
De hecho, él
habló conmigo porque iba a pasar una noche en Roma de camino a su segundo
destino, Turquía, y ni siquiera pudimos vernos entonces. Tampoco al volver de
mi Erasmus, cuando viajé a Holanda para visitar a unas amigas coincidiendo con que
él estaba viviendo allí, pudimos vernos.
Cuando él
volvió para quedarse, le recogí en el aeropuerto. No recuerdo bien si la idea
salió de él o de mí, pero ya nunca más nos separamos. Cada día hacíamos por
vernos, y porque las pasiones que nos unen – como viajar – mitigasen las cosas que nos diferencian. Aún lo hacemos.
Nuestra
historia tiene un pasado, un presente y un futuro. Todo llegó cuando tenía que
llegar, y ahora pienso que sólo me resta un viaje pendiente: mi vida con él.
The June.
