domingo, 29 de junio de 2014

Historias de amor.

Cora

¿Y si todo hubiese empezado antes de lo que imaginamos?

Es probable que los primeros petardos de la falla los tirásemos juntos, y ni fuéramos conscientes de ello. Compartimos un pasado desde pequeños: las sesiones de domingo en mi portal con mi hermana gemela y otro amigo, aunque en aquella época todos creyéramos que a Joan le gustaba ella, no yo.

Sin embargo, con el paso de los años Joan me envió una carta. ¿Qué puedo decir? En aquel escrito inocente confesaba su amor por mí, aunque decía no poder reconocerlo en público dado que nuestro amigo sentía cosas por mí, y aquella declaración podía suponer una brecha para el grupo. Todo un caballero.

Aun así, sin querer romper nada, lo hicimos. Una tarde de las muchas que albergaba mi casa como templo, decidimos jugar al típico juego preadolescente de ¿te atreves, o no te atreves? Y aquel fue mi primer beso, con Joan.

Por aquel beso tonto, nuestro amigo se enfadó bastante y terminamos por distanciarnos todos un poco.

Fue por aquel entonces cuando dejé al chico de la falla con el que había estado algún tiempo y empecé a salir con Hugo, con quien pasé cuatro años. Joan se fue de Erasmus a Polonia y, poco después, empezó a salir también con una chica. Parecía en aquel momento que nuestros caminos tomaban rumbos diferentes.

No obstante, durante esos cuatro años seguíamos haciendo trayectos y más trayectos juntos a la Escuela Oficial de Idiomas, donde él estudiaba ruso y yo, francés. Teníamos nuestros momentos mágicos, pues sabíamos que nunca pasaría nada, pero la conexión que había entre nosotros era imposible de obviar. De vez en cuando se nos escapaba algún pensamiento prohibido, quizá un deseo inconsciente o una voluntad secreta: algún día volveremos a estar juntos, decíamos.

Un día, sin esperarlo, Hugo me traicionó de la única manera en la que de verdad se rompen las almas. Yo me hundí, lo pasé verdaderamente mal. No sabía si quería contarlo porque no sabía si debía darle una segunda oportunidad o cerrar aquel capítulo para siempre.

Casualmente coincidí con Joan en un acto de la falla celebrado en un salón que estaba bastante oscuro. Él me preguntó por mí y yo le dije que no estaba bien. Y lo adivinó, no sé cómo, pero supo lo que había pasado entre Hugo y yo. Quizá lo supo por esa conexión especial que existe entre nosotros. A lo mejor, también porque leyó en mi cara la expresión que hacía tiempo que veía en la suya: él tampoco estaba bien con ella.

Mi cumpleaños se acercaba, y Joan decidió que debíamos olvidar las penas juntos. Parecía decirlo un poco de broma, pero la costumbre de vernos una tarde acabó trasladándose a cada día, siendo el primero ya una trampa perfectamente organizada para robarnos algún que otro beso. Empezamos con un cigarrito en su coche, y acabamos yendo a cenar, al cine… Como una pareja.

No terminó de funcionar. Básicamente porque los dos seguíamos un poco anclados a nuestras parejas. Él no lo había dejado del todo con su novia y yo aún tardé unas semanas en pedirle un tiempo a Hugo.

No obstante, la conclusión de esos dos meses que pasamos juntos, como si lo estuviéramos de verdad, era que podíamos estarlo. Que podía funcionar. Quizá aquel no había sido el momento, pero sabíamos que si llegaba sería perfecto.

Ese verano él fue a ver a su novia para intentar solucionar sus problemas y yo me preparaba para mi año de Erasmus en Roma. Fue uno de los mejores años de mi vida, aunque Joan y yo perdimos bastante el contacto.

De hecho, él habló conmigo porque iba a pasar una noche en Roma de camino a su segundo destino, Turquía, y ni siquiera pudimos vernos entonces. Tampoco al volver de mi Erasmus, cuando viajé a Holanda para visitar a unas amigas coincidiendo con que él estaba viviendo allí, pudimos vernos.

Cuando él volvió para quedarse, le recogí en el aeropuerto. No recuerdo bien si la idea salió de él o de mí, pero ya nunca más nos separamos. Cada día hacíamos por vernos, y porque las pasiones que nos unen – como viajar – mitigasen las cosas que nos diferencian. Aún lo hacemos.

Nuestra historia tiene un pasado, un presente y un futuro. Todo llegó cuando tenía que llegar, y ahora pienso que sólo me resta un viaje pendiente: mi vida con él.

The June.





No hay comentarios:

Publicar un comentario