Despedidas
que no dicen adiós
No
es que no quiera, es que no puedo. Aunque te marches sé que te conservaré en mi
memoria, porque siempre voy a llevarte conmigo. Será como si nunca te hubieras
ido.
Cada
día, cada minuto, cada segundo que has pasado conmigo ha merecido la pena. Y
cada vez que mire esa foto tuya seguiré acordándome de ti.
Tampoco
sé muy bien si cuando te vayas será un hasta
luego o un hasta siempre.
¿Volverás?
No puedo saberlo. Probablemente, tú tampoco. La vida se mueve en ciclos cortos
y largos, ciclos de carga positiva y negativa, entre huracanes y brisas, hasta
que vuelvo a llegar a ti. O puede que no.
No
puedo saber si volveré a cruzarme contigo en esta vida, o en algún continuo
extraterrenal que decida ponernos al mismo ritmo, al mismo nivel, compartiendo
cariño.
Sólo
sé que en los latidos que me restan no voy a olvidar que formaste parte de mí, por efímera que
fuera tu presencia, por muy breves que fueran los suspiros que lancé al aire
por ti.
Te
estaré esperando. Porque puede que el viento sea tan pícaro y traicionero como
lo fuimos nosotros, y decida que nuestros caminos ya no volverán a cruzarse
nunca bajo el mismo sol.
O
puede que la lluvia sea tan intensa que caminemos a diez centímetros y no
podamos rozarnos, no podamos vernos. Ni siquiera ese impulso eléctrico que
alguna vez sentimos al tocarnos será lo suficientemente fuerte como para que, entre la nada, podamos llegar a reconocernos.
Reconocernos y abrazarnos como si pudiéramos
volcar el ayer y el mañana en un eterno hoy.
Puede
que no seamos nosotros cuando volvamos a cruzarnos. Puede que seamos tierra y
agua, o aire y mar, no lo sé. Pero, como en esta vida, espero volver a
encontrarte. Espero ser esa gota de agua que empuje tu camino, o esa ráfaga de
aire frío que te haga volar.
Espero
encontrarte, sea como sea, y que el adiós
se convierta en un hola que no
termine jamás.
Para Laura, que entenderá el significado de este
escrito, como hace con otras muchas cosas,
The
June.

No hay comentarios:
Publicar un comentario