lunes, 16 de junio de 2014

Habla la experiencia.

Soñar contigo no tiene por qué ser bueno

Te sueño cuando te pienso, y te pienso cuando te sueño. Sueño que estás cerca aunque estés lejos. Sueño que vienes cuando te vas y te veo. Y entonces se para el tiempo.

Te sueño cuando las puertas y ventanas de mi vida se han cerrado y no queda en ella un resquicio de luz. Te sueño para no extrañar la ausencia que se da en el segundo que dura un parpadeo, en ese abrir y cerrar de ojos en el que, como un niño, me llego a creer que ya no estás.

Te sueño cuando me duele el alma y me pesa el aliento. Te sueño y recuerdo que hay gestos tuyos por los que merece la pena soñar.

Te sueño cuando tiemblo, cuando se hace en el verano un invierno, cuando cuesta respirar. Te sueño cuando se marchita la vida, cuando me marchito por dentro, te sueño para despertar.

Te sueño cuando los suspiros llevan palabras que pensamos y no decimos. Te sueño, también, cuando en mis días brilla plenamente el sol.

Te sueño antes de dar un paso que me lleve al abismo. Te sueño porque más de una vez tus ojos se convierten en la mejor orientación.

Te sueño cuando río y, por momentos, cambia el mundo de color. Te sueño porque estás siempre en mis sueños, como si tuviera el aleteo de cien pájaros alrededor.

Pero te sueño. Y te desvaneces cuando despierto, desapareces como la luna entre montañas de tormento. Te vas porque eres sueño, porque existes mientras vive mi noche, mientras hila mi pensamiento. Te marchas porque así mantienes vivo el deseo de dormir para poder soñarte de nuevo. Y es así como comprendo que soñar contigo no tiene por qué ser bueno.


The June. 

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