Empatía
Verás, te
contaré que cuando ríes, a mí me da por reír. Quizá te hayas dado cuenta ya, porque
me miras y tu sonrisa se hace aún más profunda. Es así como retroalimentamos la
felicidad que compartimos cuando tu tiempo y mi tiempo son las dos manecillas
del reloj.
Sabrás que
me encanta escucharte, más allá de que me pierda en mayor o menor medida con la
melodía de tu voz. Más allá de eso, intento leer tus palabras descifrando las
ideas que las envuelven, esculpiendo pensamientos que se expresan como montañas
de arcilla, a veces sin forma definida. A veces, aparentemente, sin nada que
decir.
Pero hablas.
Y dices tantas cosas que comunicas hasta en silencio. Porque tu mirada abre
también un horizonte infinito de sensaciones que varían como lo hace el latido
de tu corazón.
Y yo sigo
esperando sentada, traductora e intérprete de ese lenguaje tuyo que, a la par
que voy conociendo más, comprendo un poco menos. Puede ser porque cambias como
una veleta tu dirección según el viento, según el día, según el sol. Puede ser
que las cosas que te pasan estén destruyendo y construyendo constantemente
partes de ti. O puede ser que simplemente tiendas hacia la perfección. Puede
ser.
Quizá no me
esté expresando de forma adecuada, o no esté transmitiendo correctamente la
idea que quiero verdaderamente llegar a decir. Lo que quiero que sepas es que
he aprendido a sentirme feliz cuando tú lo estás, y a llorar cuando tú lo
haces, aunque me duela.
Creo que
contigo he desarrollado eso que algunos llaman empatía, esa capacidad de
ponerse en la piel del otro. Al mismo
tiempo tú y yo sabemos que eso, técnicamente, es imposible.
Puedo
conocer tu historia a la perfección, puede que me hayas narrado todas y cada
una de tus experiencias con tal detalle que parezcan ser mías y, aun así, habrá
una parte de tu vida que jamás me pertenezca. Por eso resulta tan difícil ser empático. Comprender – plena y
totalmente – al otro no es fácil porque nunca compartiremos las mismas
vivencias, aunque te empeñes en contármelas una y mil veces. Aunque me lleves
siempre contigo, en realidad no vivo en ti.
Pero quiero
que sepas que me esforzaré por entenderte. Seguiré celebrando tus victorias y
apoyándote en las derrotas, que también las habrá. Te escucharé cuando sea eso
lo único que necesites, más allá de complacerte con palabras vacías y vanas. Dejaré que te
caigas sólo para aprender cómo no permitir que lo hagas de nuevo.
Prometo
estar siempre a tu lado para crecer contigo. Para seguir siendo parte de ti. Y
eso será lo que yo llame empatía.
The June.
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