El libro de los
infieles
Algunos
pensaréis que estamos entrando en un tema tabú, un tema sobre el que sería
mejor no hablar, por no remover aguas ya calmadas o por no dañar. Nosotras creemos que la
infidelidad es un tema que debe ser tratado con el mismo cuidado y delicadeza
con el que tratamos otros temas de esta sección, siendo plenamente conscientes
de que ignorar el término no potencia la desaparición del acto que designa.
Hablemos de ella.
¿Qué es una
infidelidad?
“Una infidelidad es una brecha en un vínculo establecido entre dos
personas por la entrada consentida de una tercera – en ocasiones de una cuarta,
cuando el vínculo se rompe bilateralmente por ambos miembros de la pareja -.” León, J.; Micó, I. (2014). The June.
Vamos, una
infidelidad es una putada. Es
una fisura que hace mucho daño y que se expande a carcajada limpia mientras
intenta, por otro lado, hacerse lo suficientemente grande como para lograr que
la confianza caiga dentro de un pozo sin fondo y nunca más vuelva a salir.
¿Por qué se
comete una infidelidad?
Podría haber
múltiples razones que expliquen – aunque no justifiquen – la ocurrencia de una
infidelidad.
Muchas
corrientes dentro de la Psicología entienden que la presencia de una tercera
persona puede llegar a cumplir una función. Dicho de otro modo, la persona que llega ocupa un
papel que alguno de los dos miembros de la pareja no subsana de forma adecuada, bien por
exceso o por defecto.
Sin embargo,
también hay ocasiones en las que la tercera persona simplemente aparece y
despierta una atracción evidentemente correspondida por uno de los miembros de
la pareja.
(Matiz: aunque se diga que la tercera persona
aparece como si se depositara la responsabilidad en él/ella, el único motivo
por el que se hace alusión a la tercera persona en primer lugar es porque es el
elemento externo al vínculo, no porque su responsabilidad sea mayor a la de la
persona que con él/ella lo rompe).
Por tanto,
en los casos en los que aparentemente no hay ningún problema en la pareja, ¿qué puede explicar que suceda una
infidelidad?
El ser
humano, pese a ser el más racional de los animales, no suele ser monógamo por
naturaleza. Algunas personas hacen honor a este estado con más frecuencia que
otras, si bien la gran mayoría de la población confía en encontrar a esa
persona con la que pasar el resto de su vida. Una, sólo una.
Porque al
final, cuando se establece un vínculo fuerte, sólido, basado en la confianza y
en el respeto mutuos, no hay cabida para terceras personas.
Las
relaciones múltiples existen, pero suelen ser mucho más efímeras y vacías. No
porque lo dictamine la sociedad, sino porque realmente el tiempo que invertimos
en conocer y en depositar nuestra confianza y nuestro cariño en la otra
(¡otras!) personas, se divide y por tanto, la propia relación se debilita.
¿Qué hacer
con una infidelidad?
La eterna
duda: ¿perdono y olvido? No sé si voy a
poder olvidar. No sé siquiera si voy a poder perdonar…
Primer paso:
Análisis de la situación en frío.
Mirad, en caliente no se resuelve nada. Las reacciones pueden ser múltiples y
diversas como son las personas que las experimentan: shock temporal, mutismo,
llanto, gritos, etc. En ese momento nuestro nivel de activación es demasiado
alto como para poder llegar a saber qué sentimos y qué necesitamos. Esperemos a
que llegue la calma y dediquémonos tiempo a nosotros. Cuando estemos
preparados, pensaremos sobre lo ocurrido.
¿Qué ha
pasado? ¿Tiene algo que ver con la situación actual de mi relación? ¿Qué quiero
ahora? ¿Qué necesito?
Segundo
paso: Perdonarse a uno/a mismo/a.
Cuando analicemos la situación, es posible que en alguna ocasión encontremos
razones que, por nuestra parte, expliquen lo ocurrido (poca implicación en la
pareja, demasiado vuelco en el trabajo, etc.). En caso de ser así, el primer
paso es aceptar que así ha sucedido y que no podemos cambiar lo que ha pasado,
pero sí podemos plantearnos cambiarlo de cara al futuro si nuestra pareja nos
importa de verdad.
Tercer paso:
Perdonar al otro. Este es el más
complicado, y no todo el mundo llegará a este nivel. Hay personas que no
toleran vivir con su pareja después de una infidelidad y no deja de ser una decisión
perfectamente respetable.
Sin embargo,
si decidimos que queremos seguir viviendo (entiéndase, compartiendo momentos y no necesariamente conviviendo en un mismo lugar)
con nuestra pareja, tenemos que perdonarla enteramente. Sin reproches, sin
pullitas. Si cuando nuestra pareja ha vuelto a nosotros contándonos la verdad y
deseando nuestro perdón, prometiendo que lo sucedido no volvería a ocurrir,
hemos decidido darle una oportunidad, tenemos que cumplir con ello en todos los
sentidos.
PERO, la
recuperación de la confianza, gravemente herida de guerra, es lenta y
progresiva. Para que la persona que cometió la infidelidad recupere la
confianza de su pareja y para que la pareja vuelva a confiar en él/ella, será
necesario:
- Por parte del infractor:
Transparencia e implicación total en la pareja. Debe demostrar no sólo con palabras un deseo de
cambiar lo ocurrido y que su pareja verdaderamente le importa, siendo la
persona con la que quiere estar por encima del todo.
- Por parte del infringido:
Tolerancia. Fundamentalmente, ser muy tolerante y paciente, atendiendo a los
esfuerzos y demostraciones positivas que la pareja haga para tratar de
recuperar su confianza perdida.
Es difícil,
por supuesto, pero la cura de un vínculo supone el esfuerzo continuo por ambas
partes. Es un trabajo a dúo que se pierde en el momento en que exista cualquier
tipo de ataque o recordatorio de lo que en algún momento sucedió.
Ambas partes
deben ser lo suficientemente fuertes como para aprender a vivir con un error
que les hizo daño. A fin de cuentas, una infidelidad no deja de ser una herida
en el alma, una herida que sólo con una dedicación y un cariño infinitos puede
llegar a sanar. Habla la experiencia.
The June.