Paula
Nunca consideraré un error, ni cobardía, ni
tampoco bravura, haber dejado mi país y mi verano permanente porque en aquel
momento pensé que era la mejor decisión.
Yo quería desencadenarme de una relación que
en sus últimos días languidecía como el invierno en marzo y él apareció de
repente, haciéndome volver a sentir.
No hablábamos la misma lengua, pero nos
entendíamos, como tantos otros, con cierto dominio del inglés. Y las palabras
que nos faltaban nos las inventábamos, a modo de parches del desconocimiento y
puntos de sutura de antiguas heridas camino de ser cicatrizadas.
Decidí coger mis maletas y volar al norte, en
busca de una oportunidad. Ésa, que tantos miles de jóvenes como yo clamaban a
gritos día tras día. Volar con él, que poco a poco se había convertido en mi
fontana di Trevi de la alegría.
Y fui feliz durante el tiempo que duró el
otoño. Durante esos meses que, lentamente, pasamos a convivir.
Fui feliz hasta
que dejé de serlo, porque poco a poco sentí cómo mi jardín de las delicias, mi
antigua alegría, se alejaba de mí.
Al parecer, terminé resultando una carga, una
molestia. Alguien que reclamaba demasiado de sí.
De entre todas sus obligaciones, no sé si por
descarte o en pleno uso de conciencia, decidió prescindir de la que menos falta le
hacía, la que menos le ofrecía. Prescindió de mí.
A kilómetros de casa me faltaba el aire y me
sobraban lágrimas para suplicar… ¿Razones? ¿Oportunidades? Qué sé yo. Sólo
sabía que no quería irme de allí.
Y fue duro, porque el espacio que llenaba su
presencia en aquel paisaje frío se había esfumado como el calor del verano. Me
costó procesar todo aquello, entender que mi bonita historia había llegado a su fin.
Un año después sigo aquí. He seguido
trabajando, he conocido a gente. También he amado. Puede que no haya sido igual,
pero a fin de cuentas así ha pasado. Y no me arrepiento de ello, de hecho, ahora
agradezco profundamente que aquel amor me dejara a un lado.
Aún recuerdo que hace poco nos cruzamos y,
sorprendido, me dijo: Creí que al romper te habrías marchado. Yo le sonreí y le
dije: No me conocías tan bien, al fin y al cabo. Vine aquí porque te quise,
pero no para rendirme a la primera de cambio.
The
June.
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