jueves, 20 de noviembre de 2014

Historias de amor.

Inma

No me mires así, le dije frunciendo el entrecejo. Las cosas no han sido como esperábamos. Ni siquiera nosotros hemos sido como esperábamos. Nos encantaba mirarnos bailar y reír cuando aún creíamos en esa pequeña barrera del desconocimiento. Ahora que la hemos roto, pues nos hemos encontrado “desnudos” ante nuestra propia realidad.

Ya sé lo que estás pensando, continué. Me recordabas más simpática y más entretenida. Jurarías que hasta más guapa. Yo también recordaba reírme más contigo. Y pensar que el sol salía y se ponía en ti. Pero, no sé, las cosas cambian… Las personas cambian. No, las emociones y los pensamientos cambian. Yo te miro y sigo pensando que eres extraordinario, pero en otro tono de gris.

¿Te ríes porque piensas que estoy rematadamente loca? Sí, es posible que sea así. Es posible que tú hayas tenido algo que ver con eso. No soy fácil, no eres fácil, la suma lo hace todo bastante difícil. Además parece que nos empeñáramos desde un principio en bordar con rabia lo que ya era de por sí muy complicado.

No quiero que te enfades, ni que te tomes a mal lo que te estoy diciendo. Podemos seguir echándonos en cara todos y cada uno de los momentos en los que hemos pensado: hasta aquí, no quiero saber nada más de esto. También podríamos habernos comprometido a cambiar este aspecto.

No sé, quizá la solución no es hablar más, sino más claro. Decirnos las cosas como las sentimos, ¿no? Dejar que el río fluya puede que sólo nos lleve a ahogarnos. Quizá es eso lo que ha terminado pasando.

Te tengo enfrente y quiero tocarte, quiero abrazarte, quiero decirte que te extraño. Pero al final se nos comen los silencios que arropan todas las cosas que callamos, todo lo que nos hace daño. No sé qué más puedo decirte mientras sigues ahí, mirando.

Te invito yo a este café, y así brindamos y cerramos el último capítulo de la historia que hemos pasado. Supongo que es verdad, la hemos acabado. 




The June. 

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