Roberto
Nos
llevábamos bastantes años, he de admitir. Yo, de cuando en cuando, me perdía en
un pensamiento en el que construía un nido parecido a alguno del que ella hacía
poco que acababa de salir.
Tenía algo
así como fuego en la mirada, y un nombre que hacía justicia a un país del sur.
Sin embargo, no me sorprende que cualquier descripción posible sepa a poco,
pues poco hay en ella que sea fácil de describir, y no digamos de vivir.
Llegó cuando
más la necesitaba, convirtiéndose en ese soplo de aire fresco que me devolvía
tan pronto la juventud como la fe en mí mismo.
A veces
sentía que perdía el rumbo, demasiado enfrascado en un trabajo que, aunque me
maravillaba, solía conseguir que al final del día quedara poca de la energía
con la que a primera hora de la mañana solía comenzar.
Siempre me
había dejado guiar bastante por ese ritmo claramente marcado por tic tacs de
reloj y horarios apretados, siempre un poco solo, quizá hasta un poco aislado.
Ella parecía
saber siempre qué decir y qué hacer, aun cuando ni yo mismo lo sabía. Parecía
haber comprendido mis necesidades mucho más que yo y se esforzaba por ser un
cimiento sólido por mí, o simplemente un firme bote que me arrastrara hasta la bahía.
Ella vivía
su momento álgido, su cumbre, su big bang.
Yo dejaba que su expansión me arrastrara de su mano, sin importarme demasiado en qué
punto del espacio podíamos llegar a terminar.
The June.
No hay comentarios:
Publicar un comentario