Duelo
La perdí. Y
no recordaba haber conocido mayor dolor en la vida que aquel que me trajo su
muerte. Dicen, no con poco acierto, que realmente los que sufren no son los que
se van, sino los que se quedan. A fin de cuentas, los que permanecemos atados a
los latidos del corazón sentimos cómo éste se sigue hinchando de alegría o
encogiéndose de dolor.
La perdí. Y
su pérdida me hacía sentir vacío, hueco, fuera de mí.
La perdí
porque el tiempo no perdona y a veces, un tanto ingenuos, olvidamos que
nuestros relojes tienen horas contadas. A veces olvidamos que puede que no haya
un mañana para decir todas esas cosas que sabemos que a esas otras personas les
habría gustado escuchar hoy.
La perdí,
pero aún la encuentro. A veces cayendo dormido o en el más profundo de los
sueños, pero la veo y la siento. Como si nunca se hubiera ido o como si de
alguna forma hubiese vuelto.
En realidad,
no sé si la perdí o soy yo el que me pierdo. Dicen que superar la muerte se
convierte en todo un proceso… Algunos dicen que el duelo está superado cuando ya no hay más lágrimas
al recordar a la persona amada, ni llanto, ni lamento.
No sé si
habré llegado a superar este proceso.
No creo que una pérdida pueda superarse, pero se puede vivir con la ausencia,
como se vive sin un pulmón. La vida no es tan fácil ni tan cómoda, pero se
puede vivir, es cierto.
Bien, me
gustaría haberle podido decir todo lo que pensé que tendría tiempo para
decirle, y llevarla a todos los lugares a los que le prometí viajar.
Pero, pese a
todo, sé que ella se fue sabiendo que la quería. Y si ya no lloro cuando digo
su nombre es porque sé que ella guía mi voz como guiaba mi camino en aquel
tiempo tan feliz.
The
June.
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