De enemigos
íntimos va la cosa
En la sección de hoy nos dedicaremos a
desmontar mitos y a resolver diferencias entre dos ramas de la salud mental tan
diferentes como complementarias. Sí, amigos míos, hoy hablaremos de los
eternamente odiados enemigos: los psiquiatras y los psicólogos.
Como bien sabréis – o no, en realidad tampoco
somos tan importantes –, las que aquí escribimos para vuestro disfrute somos
graduadas en Psicología, razón por la que comenzaremos hablando de esta área
del estudio de la mente y conducta humana.
Ser psicólogo implica, por supuesto, que:
1. Leemos mentes.
2. Psicoanalizamos a la gente con sólo
sentarnos a tomar un café.
3. Somos cotillas.
4. Creemos que el origen de todos los traumas
se encuentra en un problema psico-sexual mal resuelto de la infancia.
5. Utilizamos la hipnosis en toda sesión de
terapia.
6. Escuchamos como un amigo y, de vez en
cuando, damos un consejo. Pero además, cobramos.
¡NO! ¡NADA DE ESO! Gracias a Dios un
psicólogo no tiene la capacidad de leer mentes. En su lugar, se dedica a escuchar
activamente al paciente para captar cualquier detalle que pueda resultar
relevante para guiarle en la solución de su problema.
Porque un psicólogo NO aconseja. Un psicólogo
es un guía/orientador que, en conjunto con el paciente, estudia la situación
problema y analiza las posibles opciones que pueden tomarse, con sus
repercusiones y consecuencias.
El psicólogo y el paciente, como un equipo,
trabajan para despejar todas las dudas que el paciente pueda tener, para que
sea él el que en última instancia tome la decisión que considere más adecuada
sobre uno o varios aspectos de su vida.
El psicólogo no es una persona cotilla. El
psicólogo es un profesional que pregunta sobre aquéllas áreas de la vida de su
paciente que considera que pueden tener implicación en el problema por el que
acude a consulta. Aquellos aspectos que carecen de relevancia son dejados a un
lado en pos de los que pueden tener una mayor importancia en el proceso
terapéutico.
Además, el psicólogo no sólo pregunta y
escucha, también observa. A menudo los pacientes pueden mentir – consciente o
inconscientemente – por vergüenza o miedo a la opinión que puede generar su
respuesta en el terapeuta.
Sin embargo, el lenguaje corporal no engaña.
Es difícil mentir a través de las micro-expresiones faciales, que pueden
denotar emociones como la tristeza, la rabia o la alegría. También la postura
corporal puede indicar al terapeuta que la persona no se encuentra cómoda con
el tema que se está tratando o que ese aspecto puede ser de mayor importancia
de lo que se esperaba.
El psicólogo debe mostrar empatía y
aceptación. Aceptar al paciente incondicionalmente, aunque sus creencias y sus
valores sean contrarios a los del terapeuta. Aceptarle porque, en definitiva,
es una persona con un problema que confía en que podemos ayudarle a encontrar
una solución.
Y mostrar empatía, porque las emociones son
el canal fundamental de comunicación humana. Una sonrisa que acompañe al
paciente, o una expresión de tristeza cuando nos esté narrando un episodio doloroso,
son lícitos y fortalecen el vínculo terapéutico entre el paciente y el
psicólogo.
Desde la empatía y la aceptación
incondicional, el psicólogo busca el origen de la dificultad de la persona en
muchos puntos de su vida, tanto en sus vínculos de apego desde la infancia,
como en sus rasgos de personalidad y también en su entorno social y familiar actual.
Si sólo nos centráramos en aspectos psico-sexuales de la infancia como el
origen del problema de un paciente, estaríamos limitando el diagnóstico y el
curso de la terapia de forma peligrosa.
Por último, la hipnosis es una práctica
clínica muy complicada que no todos los terapeutas saben emplear y, desde
luego, no es un requisito fundamental ni mínimamente necesario para el curso de
una terapia.
Aclarado un poco cuál es el papel del
Psicólogo, ¿por qué ese odio entre ciencias “hermanas”?
Bien, la Psiquiatría es el estudio de la
salud mental y los trastornos mentales desde la Medicina, con el objetivo de
prevenir, evaluar, diagnosticar y tratar a personas con trastornos mentales así
como fomentar su autonomía y adaptación al entorno. Por tanto, el Psiquiatra es
un profesional médico.
Ésta es una de las diferencias fundamentales,
dado que la Psiquiatría es una especialidad a cursar dentro de la carrera de
Medicina y la Psicología es una carrera independiente, fuera del ámbito
médico.
La otra diferencia fundamental, pese a que
ambas ciencias se dedican al estudio de la mente humana, de sus patologías,
diagnóstico y tratamiento, es la forma de tratamiento.
Los Psiquiatras, como médicos, tienen
licencia para expedir fármacos y psicofármacos a los pacientes con trastornos
mentales que, como profesionales, consideren que necesitan de su consumo para
obtener una mejoría.
Los Psicólogos, al no ser profesionales de la
medicina, deben conocer los psicofármacos y sus efectos en la conducta de las
personas con trastornos pero no están autorizados legalmente a expedir
psicofármacos a sus pacientes.
Y aquí está el fundamental quid de la cuestión: Los psiquiatras
suelen acusar a los psicólogos de charlatanes,
mientras que estos últimos solemos acusar a los psiquiatras de mano larga a la hora de recetar
fármacos, antes de invertir tiempo en escuchar el problema real.
En realidad, ninguna de las dos acusaciones
es cierta. La Psicología y la Psiquiatría van de la mano, o así debería ser
para conseguir un resultado terapéutico óptimo. Existen muchos casos en los que
la psicoterapia (que puede ser empleada por ambos profesionales) puede ser
suficiente para lograr una mejoría en el paciente, pero existen trastornos
mentales cuyos síntomas encuentran alivio fundamentalmente en determinados
tipos de medicación (siempre en combinación con psicoterapia).
Lo ideal sería trabajar en equipo, siendo
conscientes de que la Psicología y la Psiquiatría son disciplinas
complementarias, y que el saber de una alimenta a la otra y la enriquece, la
hace crecer.
Seguir negando que podemos aprender de otros
profesionales sería tan estúpido como afirmar que la tierra es plana o que
realmente nunca se pone el sol.
The June.
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