Historia de
una noche en vela
¿Cómo
llegamos a entrar en ese mundo tan nuestro en el que estamos total y absolutamente protegidos? ¿Somos conscientes de estar atravesando una barrera invisible hacia nuestro alter ego? Cae la noche, llega el
sueño. Cerramos los ojos y desaparece el ruido, se va el miedo.
Comienza la
aventura de vivir en un universo paralelo. Nada es como en vigilia, cambian
incluso los colores, las caras y los recuerdos. Nadamos, volamos, caemos. Todo
es más fácil. ¿Parece más fácil? No sé tú, pero yo nunca leo estos cuentos
enteros.
En algún
momento me muevo, y tú te mueves. En algún punto nos encontramos. Abriendo los
ojos o continuando el trazo de los sueños. Puede que me estés acompañando en
una batalla campal, no lo recuerdo. Puede que, simplemente, tu sonrisa me esté
esperando al otro lado de un mar eterno.
Entonces
despierto. ¿O me despiertas? Siento más que se altera tu psique que tu cuerpo. Es quizá por esa conexión extraña que tengo
contigo. No te gusta el curso que está siguiendo la historia y te revuelves
entre las sábanas, protestando firmemente por ello. La verdad, si sonrío es porque para mí es como si te viera
hacerlo.
Despiertas.
Aún hay miedo en tus ojos, esos que tienen fuerza de sobra para brillar en la
penumbra de una habitación. Pero estás cerca, estás bien, ya se ha ido. La
historia acaba, vuelve el sueño. Empezamos de nuevo. ¿Un ciclo entero?
¿Quién sabe? En cualquier
caso, te siento conmigo. Oigo tu respiración y tu latido. Duermo tranquila. Duermo
contigo.
The June.
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