Quisiera
decirte que…
“No es más rico el que más
tiene, sino el que menos necesita.” Tú me has enseñado eso. Bueno, eso y otras
tantas cosas que escapan a mi torpe conteo. Obviaremos que los números nunca
han sido nuestro punto fuerte… Las dos somos plenamente conscientes de que lo que de verdad enamora son las
palabras.
Quisiera decirte que siempre he intentado ser la primera en
estirar de tus vendas cuando la oscuridad te cegaba. Sé que duele, sabes que
duele, pero ambas somos propensas a agradecer a priori el dolor. Porque a
posteriori nos quedamos con la sonrisa y con el pensamiento de: “menos mal que
te hice caso” o “menos mal que estabas tú para…”
Quisiera decirte que sé que la vida no siempre ha sido justa
contigo. Yo te he visto reír y llorar, te he visto caer. Y sí, te he visto levantarte.
Siempre has sido como una especie de ave fénix. Para serte sincera, admiro que
no importa las veces que te quemes: cada vez renaces con más fuerza que la
anterior. Más valiente. Más plena. Más tú.
Ojo. Quisiera decirte que a mala leche no te gana nadie. Eres un
torbellino, un huracán, una furia. Pero, oye, también eso te da tu encanto. Esa
vena flamenca se me contagia, me encandila y, si nos descuidamos, liamos un
tablao en el centro de Valencia entre tú y yo.
Un tablao, o lo que surja. Quisiera decirte que soy consciente de
cada golpe que has recibido. Cada azote injusto que me ha dolido casi tanto
como a ti. Cada golpe que no merecías, porque no eres culpable de querer
entregar todo a cambio de nada. Es parte de ti, de tu alma generosa que se
desvive por dar y dar y nunca piensa demasiado en recibir.
Quisiera decirte que eres especial. Más que decírtelo, debería
recordártelo. Sé que lo sabes, pero es importante que tengas presente que eres
importante, que eres increíble, y que eres imprescindible.
Quisiera decirte que tú conoces bien mis debilidades. Sabes bien
que tú eres una de ellas. Sabes que donde tú vas, yo voy, y además sin dudarlo.
Sabes tan bien como yo que esto no viene de siempre, pero sí es para siempre.
C’est la vie, heureusement.
Quisiera decirte que te quiero. Que los días malos tienen las
horas contadas. Que la vida se encarga de desplegar su paleta de colores para
pintar de rosa tus días que empezaron en gris.
A mí me basta con que te armes con un pincel y una sonrisa. No
necesitas más que eso, no sé si sabes cuánto valor llegas a transmitir. No sé si sabes que tu memoria guardará los cuadros más coloridos y borrará como la lluvia los trazos que te hicieron sufrir.
Quisiera decirte que esto es para ti, porque lo mereces. Porque
cada momento contigo es una hoja en ese libro que hace poco empezamos a
escribir. Es nuestra historia. Interminable, - afortunadamente-, por un lado. Extendida y sin plazo límite
junto a ti.
Para L.,
The June.
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