Burnout
Lo llamaron
“burnout” o Síndrome de quemarse por el
trabajo, probablemente porque llamarlo síndrome
del iracundo exhausto sonaba
demasiado melodramático.
He de
confesar que cada vez que veía la cara de mi jefe me entraba un arrebato de ira
de tal calibre que todo lo que se hallaba próximo a mí me resultaba susceptible
de ser lanzado a su cabeza como si de una diana estuviésemos hablando. Imaginas
bien; mi ejercicio de contención era harto memorable.
Pero mi
mente y mi alma estaban a la par cansadas, agotadas. Emocionalmente, yo no daba
más de mí. Me sentía alejado de mis compañeros, de las personas con las que
trabajaba y del trabajo en sí mismo. Escéptico. E ineficaz. Incompetente,
inútil. Todo en un bucle cerrado que comenzaba por la sensación de no tener
fuerza para seguir esforzándome por crecer, por mejorar.
Claro que
había momentos en los que parecía que ello ocurría. Momentos en los que la culpa me
hacía pensar que debía intentarlo de nuevo. Darle una oportunidad al trabajo, a
mis compañeros y, ¿por qué no? También al majo
de mi jefe.
Era
maravilloso volver a empezar después de un alegre periodo vacacional, cuando la
brisa del mar, el olor a campo, los veranos de playa y libros de ochenta mil
caracteres canjeables por doscientos tipos de emociones parecían haber dejado
atrás cualquier tipo de preocupación y sufrimiento.
Pero el burnout se llama así también porque es
un ciclo. Como decía antes, una especie de bucle sin fin. Un bucle que, además,
no se termina si los estímulos que causan ese agotamiento, ese cinismo y esa
ineficacia no desaparecen. Imaginas bien: no desaparecían nunca.
Y, después
de otro periodo dedicándome a la amargura de mi existencia profesional y a
asegurarme de que podía desbordar a la gente con mis comentarios pesimistas y
desmoralizantes, volvía la culpa.
Es una mala
compañera de viaje, una que se convierte en la peor amante nocturna. Pero ahí
estaba, conmigo. Persiguiéndome sin dejarme jamás ser un poco más veloz que
ella. Aquí sigo yo, intentando salir de este bucle que me aprieta. Una vez más.
The June.
No hay comentarios:
Publicar un comentario