jueves, 25 de septiembre de 2014

Historias de amor.

Nina

No entraré a discutir en detalle lo que puede ser o no ser una relación perfecta. Viajábamos, soñábamos y hacíamos planes de futuro juntos. Jamás cruzamos una mala palabra. Nunca encontramos razón alguna para discutir.

Quizá porque yo era como un torbellino, siempre en movimiento. Una ráfaga de aire llevándole allá donde fuera, conmigo. Él era el sosegado, el tranquilo. Yo era una especie de discoteca de verano, él un antiguo vinilo.

Pero entonces llegó. Un día, sin esperarlo. Tan hecho a mi medida, tan alocado, tan lleno de vida. Era mi yo masculino, una locura personificada, un choque frontal del destino.

Un choque frontal que, ya con la primera mirada, hizo que se tambalearan los cimientos de lo que hasta aquel entonces yo había considerado mi relación perfecta. Mi mundo, mis sueños, mis ilusiones de futuro se venían abajo… Y no puedes ni imaginar la frustración que todo ello conlleva.

¿Cómo explicar un final sin una trama? ¿Cuál sería el argumento a emplear? La falta de amor, sin duda. Amor del de verdad, por supuesto. Y no porque no quisiera al que por aquel entonces era aún mi pareja, sino porque mi corazón latía de forma demasiado acompasada cuando le veía. Ya no despertaba esa sonrisa tonta con sus mensajes de buenas noches. Miraba hacia adelante, sí, pero en mi futuro ya no le veía.

Fue duro, porque habíamos vivido tanto y tantas cosas juntos, que decirle adiós supuso desprenderme de una parte de mí misma. Una parte de mi alma que siempre recordaría que tuvimos una relación perfecta, y que él era bueno, perfecto. Pero no para mí.

Mi torbellino me estaba esperando. Me había estado esperando desde el primer momento, siempre intentando hacerme feliz, siempre sonriendo. Siempre esperando que llegara la ocasión en que pudiera regalarme un beso.

Con él lo bueno era muy bueno. Lo malo duraba lo que dura en una sartén un pedazo de hielo. Chocábamos y nuestros roces acababan convirtiéndose en arrebatos que nos llevaban a un séptimo cielo. Con él no existía el frío, ni el invierno. Sólo el tiempo que pasábamos recuperando los meses que estuvimos deseando tenernos.


The June.



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