jueves, 13 de febrero de 2014

Psicología para todos.

ANSIEDAD

“Sólo de pensarlo me pongo malo/a”, proverbio común.

Ansiedad, ansiedad, ansiedad. Todos hablamos de ella y, a menudo, parece que el simple uso de la palabra despierte en nosotros una mayor cantidad de síntomas que cualquier otro motivo en sí mismo.

¿Es como el miedo? No exactamente. La ansiedad y el miedo son hermanos. Por esta razón son bastante parecidos, y al mismo tiempo se pueden diferenciar con relativa facilidad.

Ahora que hemos pasado el periodo de exámenes, me parece adecuado poneros ejemplos relacionados, para que los veáis con otros ojos y así no dar pie en vosotros a la emoción de la que estamos hablando.

Imaginad que llegáis felizmente – el felizmente es muy importante – a clase una mañana y os encontráis, de repente, con que vuestro/a amigo/a os comunica que justo en esa hora, de ese día, de ese periodo del año hay un examen. Tú, que confías en tu memoria infalible y vives al límite sin utilizar una agenda, te quedas con la siguiente cara:



Pero, realmente, lo que experimentas es miedo. No has podido anticipar la situación y lo que sucede es que se desencadena una reacción de alarma en base al estímulo en presente.

La ansiedad, por otro lado, destaca por su componente anticipatorio. Ansiedad es lo que sufrimos muchos estudiantes en periodo de exámenes, cuando percibimos cierta falta de control o de predictibilidad en los eventos que se nos vienen encima, especialmente porque solemos focalizar la atención en aspectos negativos o peligrosos relacionados con estos exámenes – o con cualquier otro estímulo – que retroalimentan el ciclo de emociones negativas. La ansiedad, por tanto, se orienta al futuro y se caracteriza por la falta de control.

La ansiedad se manifiesta en tres niveles distintos: cognitivo, fisiológico y conductual, que están relacionados y pueden influirse entre sí. Por ejemplo, la preocupación (componente cognitivo) excesiva por un examen puede desencadenar una fuerte activación fisiológica a nivel respiratorio, cardiaco, etc. que provoque a su vez una respuesta conductual de llanto, de no poder para de caminar de un lado a otro, o de levantar la voz – gritar-.

La preocupación es el componente cognitivo más importante en la ansiedad. Básicamente, es el pensamiento repetitivo, intrusivo y difícil de controlar sobre posibles resultados negativos. Por ejemplo: Me va a caer diseños de investigación en Psicología y me la llevo a junio.

Ésta es la viva imagen del ansioso/a:



Hasta aquí, todo es normal. La ansiedad no tiene porqué ser una reacción problemática porque nuestra mera condición de seres humanos nos permite anticipar eventos futuros.

Entonces, ¿cuándo la ansiedad es patológica? Fundamentalmente, cuando la persona percibe que esta reacción ocurre con tanta frecuencia o intensidad que desencadena en ella una incomodidad significativa o interfiere de forma importante en sus actividades diarias.

Algunos de los síntomas más comunes son las náuseas, temblores, sensación de ahogo, dolor muscular, pensamientos negativos y repetitivos, o insomnio. Seguro que ésta última la conoces bien.

¿Cómo se puede tratar la ansiedad? Una de las terapias más efectivas en el tratamiento de la ansiedad es la terapia cognitivo-conductual. El objetivo de la misma es, fundamentalmente, intentar que la persona cambie su tendencia de pensamiento negativa hacia una más positiva y menos intrusiva, de forma que el ciclo de activación cognitivo-fisiológico-conductual pierda progresivamente su círculo de retroalimentación.

En definitiva, la clave no está solamente en qué pensamos, sino en cómo lo pensamos.


The June.






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