ANSIEDAD
“Sólo de pensarlo me pongo malo/a”, proverbio
común.
Ansiedad,
ansiedad, ansiedad. Todos hablamos de ella y, a menudo, parece que el simple
uso de la palabra despierte en nosotros una mayor cantidad de síntomas que
cualquier otro motivo en sí mismo.
¿Es como el
miedo? No exactamente. La ansiedad y el miedo son hermanos. Por esta razón son
bastante parecidos, y al mismo tiempo se pueden diferenciar con relativa
facilidad.
Ahora que
hemos pasado el periodo de exámenes, me parece adecuado poneros ejemplos
relacionados, para que los veáis con otros ojos y así no dar pie en vosotros a la emoción de la que estamos hablando.
Imaginad que
llegáis felizmente – el felizmente es
muy importante – a clase una mañana y os encontráis, de repente, con que
vuestro/a amigo/a os comunica que justo en esa hora, de ese día, de ese periodo
del año hay un examen. Tú, que confías en tu memoria infalible y vives al
límite sin utilizar una agenda, te quedas con la siguiente cara:
Pero,
realmente, lo que experimentas es miedo.
No has podido anticipar la situación y lo que sucede es que se desencadena una
reacción de alarma en base al estímulo en presente.
La ansiedad,
por otro lado, destaca por su componente anticipatorio. Ansiedad es lo que
sufrimos muchos estudiantes en periodo de exámenes, cuando percibimos cierta
falta de control o de predictibilidad en los eventos que se nos vienen encima,
especialmente porque solemos focalizar la atención en aspectos negativos o
peligrosos relacionados con estos exámenes – o con cualquier otro estímulo –
que retroalimentan el ciclo de emociones negativas. La ansiedad, por tanto, se
orienta al futuro y se caracteriza
por la falta de control.
La ansiedad
se manifiesta en tres niveles distintos: cognitivo, fisiológico y conductual,
que están relacionados y pueden influirse entre sí. Por ejemplo, la preocupación (componente cognitivo)
excesiva por un examen puede desencadenar una fuerte activación fisiológica a
nivel respiratorio, cardiaco, etc. que provoque a su vez una respuesta
conductual de llanto, de no poder para de caminar de un lado a otro, o de levantar la voz – gritar-.
La preocupación es el componente cognitivo
más importante en la ansiedad. Básicamente, es el pensamiento repetitivo,
intrusivo y difícil de controlar sobre posibles resultados negativos. Por
ejemplo: Me va a caer diseños de investigación en Psicología y me la
llevo a junio.
Ésta es la
viva imagen del ansioso/a:
Hasta aquí,
todo es normal. La ansiedad no tiene porqué ser una reacción problemática porque
nuestra mera condición de seres humanos nos permite anticipar eventos futuros.
Entonces,
¿cuándo la ansiedad es patológica? Fundamentalmente, cuando la persona percibe
que esta reacción ocurre con tanta frecuencia o intensidad que desencadena en
ella una incomodidad significativa o interfiere de forma importante en sus
actividades diarias.
Algunos de
los síntomas más comunes son las náuseas, temblores, sensación de ahogo, dolor
muscular, pensamientos negativos y repetitivos, o insomnio. Seguro que ésta
última la conoces bien.
¿Cómo se
puede tratar la ansiedad? Una de las terapias más efectivas en el tratamiento
de la ansiedad es la terapia cognitivo-conductual.
El objetivo de la misma es, fundamentalmente, intentar que la persona cambie
su tendencia de pensamiento negativa hacia una más positiva y menos intrusiva,
de forma que el ciclo de activación cognitivo-fisiológico-conductual pierda progresivamente su círculo de retroalimentación.
En
definitiva, la clave no está solamente en qué pensamos, sino en cómo lo pensamos.
The June.


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