Diana
Eran las tres de la mañana en la
noche del acto de graduación de mi curso. La celebración tenía lugar en un
inmenso hotel en el que hasta las luces parecían ir de etiqueta. Yo ya había
bailado, me había emocionado y me había reído. Y, sin embargo, parecía que las horas hacia la madrugada me reservaban no pocas sorpresas.
Me encontré con que una amiga
estaba hablando con dos chicos que no conocía. A uno de ellos ya nunca le iba a
olvidar.
Le dije que tenía sueño, y él me
dijo que arriba tenía sitios de sobra para elegir. Él siguió bromeando y yo me
reía, diciéndole que yo subiría si él se marchaba. Creo que ninguno de los dos
pensamos realmente en separarnos.
Entonces fuimos a tomar algo. Él
estaba detrás de la barra y yo cada vez podía apreciar con mayor detalle el
brillo de sus ojos. Al final, hablábamos a centímetros de distancia, sin dejar
de sonreír. A sabiendas de que el mundo había desaparecido a nuestro alrededor.
Y me besó, le besé, nos besamos.
Perdí la noción del tiempo y el teléfono móvil, que él me ayudó gentilmente a
buscar.
Nunca he dejado de sonreír con
él, me es imposible.
A partir de entonces, empezamos a vernos a diario, casi a
cualquier hora, durante más o menos seis meses.
Todo parecía ir mejor que bien,
cuando su ex apareció. Él decidió
entonces retomar la relación que tenía con ella, por lo que lo que nosotros teníamos pasó
a ser amistad.
No obstante, yo creo que, al
igual que me sucedía a mí, algo demasiado bueno le ocurría conmigo. Yo no he
perdido las ganas de estar con él las veinticuatro horas del día, aunque sepa
que ahora mismo es algo imposible. Pero nuestras risas siguen siendo las mismas
de siempre, continúan siendo una forma inevitable de mantenernos unidos.
Yo diría, sin exagerar lo más
mínimo, que incluso la forma en la que nos miramos denota que algún día
volveremos a estar juntos. No sé cómo, ni cuándo. Tampoco tengo prisa.
The June.
No hay comentarios:
Publicar un comentario