SELFIE
Selfie es la foto que uno se realiza a sí
mismo y que cuelga en las redes sociales. Su uso se ha extendido de forma tan
masiva que fue elegida como palabra del año por los diccionarios Oxford de
lengua inglesa en 2013. Alargar el brazo para tomarse una auto-fotografía
parece ser la modalidad de los selfies
más clásicos, sin olvidar el tradicional espejo
espejito mágico.
Hacerte Selfies es muy útil: aprendes que los
espejos y los flashes son íntimos enemigos, cuál es tu “lado bueno” para posar,
y hasta a hacer caras de pato sexys. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando esas
fotografías no cumplen los estándares que nos habíamos marcado “de me gustas”?
No hay nada de malo en hacernos fotografías a nosotros mismos, y mucho menos en
reconocer lo estupendos que estamos en ellas, el problema radica cuando aparece
esa necesidad de aprobación de los demás.
La
autoestima constituye unos de los factores fundamentales del bienestar
socio-emocional. Influye en aspectos tan importantes como la sociabilidad o el
rendimiento académico y se forma fundamentalmente durante la infancia y adolescencia.
Por ello dejarla en manos de lo que pueda gustar o dejar de gustar en nuestras fotos
de las redes sociales parece inapropiado cuanto menos. Este uso puede ser
peligroso, se han realizado estudios que subrayan que un uso excesivo de estas
redes sociales puede predisponer a la aparición de patologías como la ansiedad
o depresión.
Sin
embargo, no tiene que tomarse únicamente por el lado negativo, este tipo de
modalidad también ayuda a que nos conozcamos más a nosotros mismos, a que
formemos nuestra identidad y nos mostremos al mundo. Las fotos se utilizan para
compartir estados de ánimo y emociones, para estar más cerca de las personas
que queremos en un solo clic.
Una
autoestima fuerte implica conocer tanto tus puntos fuertes como tus débiles,
tener una visión realista de uno mismo y no depender de los pulgares hacia
arriba de los demás para ser felices.
The June
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