martes, 25 de febrero de 2014

Psicología para todos.

SÍNDROME DE TOURETTE

Mike tenía siete años cuando, por primera vez, me lo encontré en un parque persiguiendo a un grupito de palomas despistadas. El pequeño llamó mi atención no sólo porque tenía unos preciosos ojos azules como el cielo de verano, sino porque de vez en cuando voceaba alguna palabra obscena* que parecía salir de él de forma totalmente involuntaria.

Y, en cuanto me acerqué a hablar con él, lo comprendí. Me miraba fijamente y cada pocos segundos me guiñaba un ojo, siempre el mismo. Al principio pensé que estaba hablando con un futuro conquistador nato, pero pronto entendí que en realidad me enfrentaba a uno de sus tics. También se encogía de hombros con frecuencia, de manera incontrolada.

Me contó que en el colegio le miraban como si fuera extraño. Al parecer, resultaba ser un tanto así para los demás. Era consciente de cuáles eran sus tics y podía llegar a controlarlos durante el tiempo que duraba una clase, mas suponía un esfuerzo enorme y  - me confesó – tarde o temprano acababan volviendo. A veces con mayor intensidad. 

Siempre tengo miedo. Y cuando me pongo nervioso, todo es peor. Me dio a entender que sus tics se veían amplificados por situaciones que le estresaban o le hacían sentir mal consigo mismo o con su entorno. Y, aparentemente, el divorcio de sus padres había sido una de esas situaciones que había propiciado una pérdida casi total de la voluntad que Mike ejercía para tratar de evitar sus tics.

A mí no me molestan, pero creo que es un poco raro hablar conmigo. Sus compañeros de clase podían llegar a sentirse un tanto incómodos entre guiños y encogimientos de hombros. Tampoco debían ser demasiado agradables los insultos inesperados. Aun así, Mike había entablado una bonita amistad con dos hermanas gemelas que, ante todo, se reían con él y le hacían sentir como debería hacerlo cualquier otro niño. Feliz

Una vez me preguntó: ¿crees que algún día podré ser normal? Yo le respondí que no. Porque no existe la gente normal. Todos tenemos miedos, todos tenemos preocupaciones, todos tenemos momentos tristes. Y todos somos distintos, eso es lo que importa.

Sé a lo que te refieres y no debes preocuparte; desaparecerán con el tiempo.

Él me sonrió. Y prometió buscarme en unos años para demostrarme que todo habría cambiado. Que sus miedos habrían volado como los dragones de los cuentos y se habrían llevado a sus enemigos consigo. 

Y, a decir verdad, volvimos a encontrarnos. Él acababa de cumplir diecinueve años y nada tenía que ver ya con el Mike que conocí más de diez años atrás. Me contó que sus padres le llevaron a terapia, y que  - no sin esfuerzo - poco a poco consiguió dejar los tics a un lado. 

Un día me di cuenta de que ya no guiñaba el ojo, y ni siquiera tenía que pensar en no hacerlo. Me sentí alguien nuevo. Ya no era "raro".

Estudiaba, salía con amigos y había conocido a una chica a la que guiñaba el ojo a voluntad.

Intenté recordar lo que tú me dijiste aquel día en el parque. Y lo primero que hice fue tratar de perder el miedo a todo y aprender a vivir. Pero… siempre he tenido curiosidad, ¿por qué te acercaste a hablar conmigo?

Le sonreí y le dije, en primer lugar, que me sentía verdaderamente orgullosa de él. Y, respondiendo a su pregunta,  que sus insultos a las palomas habrían llamado la atención de cualquiera.

Aunque, en realidad, pregúntate si habría hecho lo mismo de no haberte visto corriendo con los pantalones bajados...



El síndrome de Gilles de la Tourette es un trastorno de tics (movimientos o vocalizaciones involuntarias, repetitivas y estereotipadas) (Jankovic, 2001; Leckman et al., 2001).

Es un trastorno neurológico, que no psicológico – aunque, como se puede observar en el caso de Mike y en otros muchos ejemplos, sus implicaciones a nivel psicológico son notables (baja autoestima, problemas de ansiedad, etc.) –.

Algunos tics son crónicos, aunque otros desaparecen después de la adolescencia. La levedad o gravedad del tic, así como su mayor o menor complejidad influyen en esta desaparición parcial o total.

*Coprolalia: Uno de los tics más frecuentes en este síndrome, que consiste en lanzar obscenidades con relativa frecuencia.




The June. 

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