Leonor
Ella.
Cuando la conocí era mi
amiga, mi aliada. Alguien en quien confiar. Siempre fue muy suya y muy mía, un
poco de las dos. Pero jamás pensé que me robaría el sueño como llegó a hacerlo.
Ella.
La miraba y me veía
reflejada. Lo veía todo, y todo lo tenía, porque estaba en su cuerpo, en su alma entera.
Ella. Simplemente, ella.
Nunca se había enamorado así, ni yo había conocido a nadie igual. Era una conexión distinta, única. Me
hacía sentir especial. De repente,
llenaba mis días con su mera presencia. Era calma, era tranquilidad y era
locura. Era todo lo que era y lo que no era yo.
Me encantaba mirarla, a todas
horas. Cuando se dormía, mientras dormía, cuando despertaba. La abrazaba para
sentirla cerca, para no perderla. Siempre era bella; siempre era ella.
Y, al tiempo que disfrutaba
observándola, me invadía una sensación de certeza absoluta, un vacío. La
sensación de saber que, como todo en esta vida, no sabía cuántos de los días
contados había invertido ya en contemplarla.
Nada es infinito en esta vida, al
parecer. Y quizá fue ese pensamiento el que llevó nuestro amor del infinito
a lo finito, de lo incontable a lo contable, de lo paciente a lo temeroso. Convirtió en silencios
nuestra voz.
Y se acabó. Terminamos siendo dos
extrañas cruzándose por los pasillos de un piso compartido que pedía a gritos
la reconciliación que nunca llegó. El amor irracional se había cansado de
nuestras evidencias racionales y había cogido la maleta, para dejarnos en la
estacada con los pocos recuerdos felices que en aquel momento de rencor
podíamos rescatar.
La quería. La quería tanto que
dolía cada palabra, cada mirada, cada gesto que me dedicaba, ya sin ser ella.
Y así fue como la vi marchar una
mañana. Quizá fue entonces cuando asumí que hacía tiempo que se había marchado,
aunque siguiera encontrándomela cada día a diez centímetros de mí. Y que no
volvería. Ni yo sería capaz de salir a buscarla.
Pero si hay algo de lo que no me cabe duda, es que nunca olvidaré
cómo eran los amaneceres a su vera. Aunque los años consigan borrarla
de mi cabeza.
The June.
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